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AH, MUNDO LOCO

RESONANCIAS DEL FIN DEL MUNDO

RESONANCIAS DEL FIN DEL MUNDO

   Hace tiempo, mientras escribía sobre las inquietudes que los cambios de las eras traían, mencioné el temor al fin del mundo, siempre presente en todas las culturas. Yo mismo lo esperaba en forma de hongo nuclear cuando era un muchacho a mediado de los ochenta. Temores más… místicos, como la segunda venida de Jesús, el Apocalipsis o algún arma arcana y mágica manejada por los Iluminatti, jamás me inquietó. Siempre he temido a cosas concretas: despertar y que no halla café en el tarro, enjabonarme totalmente y que se vaya el agua, tomar Viagra y que me dejen embarcado (no, mentira, aunque siento curiosidad). Sin embargo, si no sobre fines catastróficos, sí hay gente que cree en una larga galería de guías, santones, profetas e iluminados, algunos son digeribles, pero otras son francamente absurdos, como este cuento del planeta rojo (que no es Marte) que anda por ahí.

 

   Un relato que habla de la extraña condición de creer en muchas cosas, fin del mundo incluido, es sobre dicho planeta y lo encontré en un blog muy interesante hace casi dos años, LA CAJA NEGRA, the wilbur mercer blog experience, y desde ese momento guardé el texto. El autor es cáustico, ligero y ácido. Eso me gusta. Recuerdo que algunos comentarios llegados a su espacio le criticaban ese tonito de burla, y que seguramente no entendía las enseñanzas de las que hablaba; lo dicho, si uno inventa una teoría por más tonta que sea, pero se muestra convencido y convincente, habrá quien lo siga. O tal vez, ese autor y yo, somos muy descreídos; pero en mi opinión, tenía razón: eran tonterías. Disfrútenlo:

 

 

EL PLANETA REDENTOR

 

   Días atrás iba yo por la calle cuando una chica se me acerca y me da un folleto con la imagen de un gran globo rojo y, en letras tamaño catástrofe: “PLANETA GIGANTE SE ACERCA A LA TIERRA”. En un recuadro destacaba “NO ES FICCIÓN”. Comprenderán que me sintiera alarmado. El panfleto promocionaba un libro, “Hercólubus, o Planeta Rojo”. Su autor, V. M. Rabolú. El texto me advertía de que un gran planeta, Hercólubus, se acerca a gran velocidad hacia la Tierra. Se decía, sin embargo, que en el libro uno encontraría la fórmula para salir con buen pie de la colisión interplanetaria.


   Confieso que esa noche no pegué ojo. ¿Qué clase de sabiduría encerraba el dichoso librito? ¿Cómo sería posible salir bien parado de lo que a todas luces parecía una muerte segura, la aniquilación total de nuestro mundo? ¿Quién era V. M. Rabolú? Al día siguiente corrí a echarle un vistazo al libro, y recorrí internet de cabo a rabo en busca de información.


   V. M. Rabolú (la V. y la M. son las iniciales de Venerable Maestro) es originario de Colombia, de profesión gnóstico, y discípulo aventajado de Samael Aun Weor, fundador de la Gnosis Samaeliana. El Venerable Rabolú escribió su mundialmente famoso libro a partir del uso de “sus facultades cognoscitivas positivamente despiertas”. En él nos describe con inusual franqueza lo que ocurrirá con la Tierra a raíz de la llegada de Hercólubus (¡todo indicaría que ya se encuentra en las proximidades de Plutón!) y, lo más importante, cómo debemos proceder para salvarnos del cataclismo.


   Hercólubus es un planeta seis o siete veces mayor que Júpiter. Está al parecer compuesto por un material que absorbe la luz y apenas la refleja, manteniéndolo fuera del espectro visible. Describe una órbita elíptica y pasa cada 6.666 años cerca de la Tierra. La vez anterior habría causado el hundimiento de la Atlántida y el Diluvio Universal. En su próxima e inminente visita provocará terremotos, maremotos, erupciones volcánicas, epidemias y desequilibrios mentales masivos.
Esto al principio. Al acercarse más, se producirá el vuelco de los ejes de rotación de la Tierra, haciendo que los polos se trasladen al ecuador y el ecuador a los polos. Por su descomunal tamaño, la órbita del planeta será imposible de detener o desviar.


   Pero volvamos al libro del Venerable Maestro Rabolú: lejos de estar preocupados, debemos felicitarnos por nuestra buena suerte, puesto que Hercólubus es un planeta purificador, que viene hacia la Tierra para limpiarla del mal y la suciedad con la cual los seres humanos la hemos afeado.
Hercólubus vendría a ser como una gran bayeta apocalíptica que cada cierto tiempo limpia y adecenta nuestro planeta azul, nuestro hogar cósmico. De hecho, advierte Rabolú que si el paso del planeta y su cataclismo desinfectante demorara mucho, los hombres con su maldad intrínseca se destruirían entre sí de una forma horripilante. Incluso parece ser que ya estamos a un paso de presenciar “revoluciones sangrientas, ateísmo, materialismo, bolchevismo y anarquismo, intelectualismo, pérdida de la vergüenza orgánica, drogas, alcohol, prostitución total de la mujer, explotación, etc, etc”. Frente a este panorama, se comprende que Hercólubus sea nuestra única esperanza. La gran catástrofe que nos espera se convierte en “una necesidad impostergable”.


   Ahora bien, se preguntarán ustedes, como hice yo, cuál es el procedimiento por el cual los que hayan comprado el libro de Rabolú consigan escapar al cataclismo. En sus notas finales, nos explica el Venerable Maestro que debemos comenzar por desintegrar el Ego, y subsanar así nuestros defectos psicológicos. Evitar el desastre está en nosotros mismos, en abrir los ojos y generar un cambio de Amor y de Luz que modifique la mala forma en que hemos conducido nuestra vida en la Tierra. Una vez llegado el choque, los que hayan trabajado por la Luz y purificado su Ego habrán alcanzado los niveles energéticos vibratorios necesarios para ingresar a la cuarta dimensión a la que pasará la Tierra como consecuencia de los ajustes orbitales y los cambios físicos producidos, y en donde iniciarán “un nuevo período evolutivo” en el flamante paraíso, “vibrando a una frecuencia de 13 ciclos por segundo”, en consonancia con la luz del sol. Borrón y cuenta nueva.


   En cuanto al resto, las “fuerzas involucionistas” (los que no hayan comprado el libro), desencarnarán y serán abducidos por la propia atmósfera de Hercólubus, que vibra en una frecuencia tan baja que es capaz de succionar a todos los espíritus acordes con esta sintonía. Avisados estáis.

……

 

   Hubo cosas que no me quedaron claras, ¿es un planeta físico o espiritual, energético, pues? Podría tratarse de un Agujero Negro atravesando la Galaxia, pero la pregunta es: ¿cómo lo sabría este señor? Hummm, intrigante, ¿verdad?

 

Julio César.

TRADICIÓN AÉREA CON INFANTES

TRADICIÓN AÉREA CON INFANTES

   En Venezuela, una costumbre que jamás he entendido referente a los recién nacidos, es esa de guardar el ‘ombligo’, ese cachito que queda en el bebé cuando cortan el cordón umbilical. ¿Para qué? ¡Misterio! Debe ser para algo de la suerte o cosa así; es una tradición viejísima, y contra ellas no se puede. Aunque… resulta curioso, por decir lo menos, que ahora exista el guardado de dicho cordón, por lo menos aquí hay una empresa llamada CELULAS MADRES DE VENEZUELA que habla de preservarlas, para investigaciones posteriores y tiramientos médicos si hace falta. Extraño, ¿verdad?

 

   Pero esta costumbre es una inocentada, o por lo menos no es tan escandalosamente inquietante como lo que ocurre en el pueblo de Musti, en Solapar, Maharashtra, en la India. Desde la mezquita local, a una altura de veinte metros, los recién nacidos son arrojados desde ahí, a manos de los devotos que lo reciben abajo con una enorme lona. Se supone que a ello están obligados las parejas devotas que han concebido un hijo después de tomar los votos, cosa que asegura larga vida, y vida saludable, a los infantes (si no pelan la lona). Se asegura que en quinientos años que lleva practicándose dicho ritual, jamás han tenido una pérdida. Por mi parte lo encuentro difícil de creer, la falta de bajas, no el ritual en sí.

 

   La página donde leí sobre ello, perteneciente a un TioTaum (tiotaum.blog.com, quien muestra una graciosa imagen de sí), cuestiona el ritual con frases como: costumbre absurda y peligrosa que raya en lo cruel y que debería ser impedido por las autoridades. Personalmente creo que tiene razón, aunque siempre es difícil opinar sobre las costumbres y creencias de otras personas. Hay muchas que alarman. A mí me cuesta entender la circuncisión, y más horrible todavía es la mutilación del clítoris en las mujeres que se practica aún en algunas aldeas africanas (porque, según, no necesitan de ‘eso’). Y ni el que digan “así se ha hecho siempre”, me parece justificativo. Aunque respecto a la circuncisión hay quienes opinan que es mejor y más higiénico para los hombres. De lo que pasa en Musti, yo sólo puedo ver bebitos llorando. Y aquí volvemos a lo mismo, entonces ¿qué decir de las orejitas perforadas de las niñas a los días de nacer?

 

   En fin, estoy muy de acuerdo con TioTaum respecto a esto. Alarma a cualquiera imaginar a esos bebitos rojos de presión, con sus boquitas abiertas en un largo grito ahogado, con sus ojitos abiertos al máximo, o cerrados por el esfuerzo de llorar, mientras caen desde esa altura, chocan de la tela y rebotando varias veces, totalmente aterrados. Pero eso ocurre. Seguramente a muchos les parecerá interesante de presenciar; por mi parte… paso sin ver.

 

Julio César.