ASPIRACIONES
-Vaya, ahí está ese vaquero, hoy no se escapa a su trailer sin que le hable… Aunque no sé, ¿será que no le agrado? Tal vez le caigo mal, imagino que no le gustaré a todo el mundo.
¿Será?
Julio César.
-Vaya, ahí está ese vaquero, hoy no se escapa a su trailer sin que le hable… Aunque no sé, ¿será que no le agrado? Tal vez le caigo mal, imagino que no le gustaré a todo el mundo.
¿Será?
Julio César.
Uno de los jóvenes dueños del nuevo gimnasio echó a correr por el parque entregando papelitos de propaganda y llamando a los tipos que por ahí pasaban. Y parecía resultar, el muchacho parecía conocer las palabras adecuadas, había un gentío que no le quitaba los ojos de encima… para saber más sobre las virtudes del ejercicio y del establecimiento. A quien Dios se lo da…
Julio César.
Armado para actuar…
Joven, saludable, ex marine, atlético, bien ‘plantado’… y se muda a tu residencia en la universidad. Una noche estudias, aburrido, llaman a tu puerta y allí está, recién bañadito, destacándose bajo la toalla, de mirada ardiente, voz ronca, baja y sensual, con el balón bajo el brazo.
-¿Quieres jugar conmigo? –te pregunta.
¿Qué le dirías? ¿Qué harías? ¿Te negarías? ¿Dirás que tienes que estudiar ecuaciones? ¿O caerás de rodillas, mirándolo con adoración y agradeciéndole al Cielo toda tu buena suerte… para hacer nuevos amigos?
Julio César.