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EL PERCANCE

EL  PERCANCE

   Yo lo habría hecho también… como broma, claro.

 

   -Pero ¿qué fue lo que te pasó, Ricardo? –la voz de Susana sonaba agitada.

 

   -Cónchale, amiga, eso fue increíble, casi me muero de la impresión. Ahí estaba yo, de bolsa, paseándome por los new yores, más perdido que el hijo de Limber, cuando llegué a esa cancha deportiva. Y de lejitos veo a este tipo que por alguna razón se veía llamativo; no sabía por qué. Pero cuando se vuelve, con su gorrita, su sonrisota, su bermudas bajito en la cintura, sin camisa, lo reconocí… ¡era él! –gime casi histérico. Ella lo mira con la boca abierta, casi jadeante, moviendo la cabeza indicándole que continúe.- Lo llamé, creo que soné todo maricón, grité y salté para llamar su atención. Hice tanto escándalo que me miró, y sonrió más, como un angelote lindo. Dio unos pasos hacia mí. Creo que venía a saludarme, imagínate cómo me vería yo de todo atolondrado que se decidió a calmarme. Fue cuando pasó… -la voz se estrangula.

 

   -Sí, sí, cuéntame… -casi grita ella.

 

   -Cuando se descuidó, mirándome, ese amigo que siempre anda tras él, el muy maldito… -suena celoso y resentido.- …juguetonamente le haló el bermudas… ¡bajándoselo!

 

   -¿Qué…? ¡Dios…! ¿Y qué hiciste, qué viste?

 

   -Ay, chica, cuando desperté iba camino a un hospital… -gime terriblemente apesadumbrado.- ¡Me había desmayado! Cuando logré saltar de la ambulancia en plena marcha, casi provocando un choque masivo, y regresé… ¡ya se había ido! –jadea, mientras Susana le palmea la espalda, compadeciéndolo. ¡Qué tragedia!

 

Julio César.

REGRESO A BROKEBACK MOUNTAIN

REGRESO A BROKEBACK MOUNTAIN

    ¿Puede dudarse que sea amor?

 

   Digo REGRESO, pero en verdad temo que nunca hemos dejado del todo tan árido lugar. Y lo de árido viene dado por los dolores del alma como dirían personas más sensibles, o cursis,  que yo. Ya ha pasado tiempo, demasiado rápido diría yo, desde que Brokeback Mountain (El Secreto de la Montaña) se exhibió como un estreno polémico, pero es hasta ahora que nosotros podemos hablar, así que se la van a tener que calar, ¿okay?

 

   Cuando fui a verla con un grupo de colegas de trabajo (de vez en cuando salimos a comer o tomar algo para pasar un buen rato, cosa que no es extraña, a veces se pasa más tiempo con ellos que con la misma familia), me resistí a ir. Me hacía el duro sobre el ir a ver a los dos maricones esos, como creo que hizo y dijo todo hombre venezolano de la boca para afuera, aunque deseara mucho ver la película. No estamos tan lejos en el tiempo del Wyoming del sesenta y tres, y cada uno tiene que guardar ciertas apariencias, sobretodo con las amigas. Pero a decir verdad, deseaba ir. Siendo sinceros, la promoción del romance homosexual entre dos vaqueros era lo suficientemente escandalosa como para resultar atractiva. Fui. La vi… y me molesté mucho.

 

   Me sentí desconcertado al ver a tanta gente afectada, incluidos hombres que iban con sus mujeres, aunque intentaban parecer duros, pero era fácil verles… esa angustia extraña en los ojos, al terminar la función. Alicia, una querida amiga, lloraba todavía mientras nos íbamos. Yo no lloré, ni me sentí conmovido. Estaba como seco, paralizado al respecto. Lo que tenía era una madre de arrechera que ni yo mismo entendía. No me conmovía la tristeza y desesperación de esos dos hombres enamorados que no habían podido vivir a plenitud su amor, como decía Carmencita, o el gran amor que transcendió el tiempo y los deseos mismos de esos hombres por escapar a lo que sentían, como decía Fátima; yo sólo sentía ese mal gusto de boca, jurándome a mí mismo que iba a convertirme en el peor detractor de la cinta. Y así lo dije poco después al grupo, ganándome miradas de rabia de todos, y hasta el mote de odioso aunque ya en el pasado mucha gente me había acusado de sentimental, con todo y lo feo que eso suena.

 

   ¿Por qué la odié tanto? Desde que leí en La Voz, el diario mirandino, que iban a realizar la película, un amor sobre vaqueros raros, donde Jake Gyllenhaal y Heath Ledger iban a protagonizarla, y que había problemas a la hora de grabar las escenas de amor, me picó el morbo por verla; pensé que tan sólo por esos momentos valía la pena calarse la peliculita; pensé que sería una basurita con algo de picante. Pero no, yo había salido tibio (de rabia) del cine más bien. Así que al reunirnos un poco más tarde para tomar algo, comencé el ataque feroz contra tan terrible film. Yo insistía en que la trama era muy traída por los pelos: ¿de dónde les salía a esos dos carajos el acostarse así de un momento a otro? ¿Estaban simplemente borrachos y calentorros? ¿Locura de la montaña? ¡Ahí me cayeron encima las mujeres!

 

   Fátima me preguntó si no había notado la mirada que el tal Jack le lanzó a Ennis (vamos a usar los nombres) cuando llega frente a la oficina del tal Aguirre, y como medio esboza una sonrisa, sintiéndose alegremente sorprendido, y tal vez excitado ante la idea de encontrar a ese tipo apuesto allí. Qué si no había visto la forma en que Jack lo enfocaba con su espejo retrovisor mientras se afeitaba. Carmencita asentía, recordándome que cuando estaban en la montaña, y Jack se iba a caballo, Ennis lo seguía con la mirada por un rato; y que cuando Jack estaba cuidando las ovejas de noche, miraba hacia el valle, buscando la luz de la hoguera donde estaba el otro, sabiendo Dios en qué pensaba. Alicia me preguntó si no había visto la íntima escena donde Jack, congelado de preocupación, se quitaba el pañuelo y lo mojaba en agua para limpiarle la herida que el otro se hizo en la cabeza al caer del caballo por culpa del oso. Y hasta Ricardo me acotó que la forma en que el tal Ennis salía a buscar algo más que frijoles para que Jack comiera, ya que éste no quería más frijoles, indicaba que algo pasaba. ¡Ah, gente pa’detallista!

 

   La verdad es que yo no había reparado en nada de eso. Y por ahí siguió la cosa. Se discutía que por intentar llevar dobles vidas habían lastimado a otras personas, a sus mujeres e hijos; otros aducían que lo hacían porque no querían ceder a lo que sentían, que luchaban contra lo que en verdad eran, que no había peor tortura y tragedia para una persona que odiarse y combatirse a sí misma, sin perdonarse, sin aceptarse. Algunos los acusaban de cobardía, otros decían que era gente que había sufrido mucho y que cuando les llegó el duro momento cuando el destino los obligó a enfrentar la encrucijada más importante de sus vidas, habían hecho una muy mala elección. Todo, todo en la película, había sido captado de forma distinta por todos. Y yo me admiré de todos esos matices y sutilezas, porque, personalmente, me pareció que la trama fue lineal y simple, que el tal Jack Twist había sido un tonto confiándose así a un tipo tan cobarde, pusilánime y mediocre como el tal Ennis del Mar. Y había sido eso, sobretodo, lo que me había molestado, el dolor de Jack.

 

   Esa noche, en mi casa, me sentí desasosegado. Estaba molesto, irritado, y mientras me cambiaba de ropas, comía algo, encendía la televisión y miraba Globovisión, o me daba un baño, no podía concentrarme. Algo me molestaba, me llenaba de una desagradable sensación de insatisfacción. Nada me parecía bien, no podía sentirme tranquilo. La película volvía una y otra vez a mi cabeza, y su drama, su tristeza, me llenaba de una rabia amarga, como de frustración. Me preguntaba: y por qué no hicieron esto o aquello, y si se hubieran ido, y si… Y no pude dormir. Por primera vez en mi vida pasé una noche en vigilia por culpa de una película; dormía por raticos y creo que hasta soñaba con ella. Y al paso de los días, seguía así, incómodo, funcionaba pero como a dos niveles. Y coño, tuve que volverla a ver, aunque sabía que me exponía a más intranquilidad del ‘alma’; pero era una necesidad.

 

   Y allí estaban todos esos detalles que Alicia, Carmen, Fátima, Ricardo y los otros me indicaron. Y noté otros. Y ya no era el morbo de verlos besándose, o ver nuevamente las escenas dentro de la carpa; ya no me parecía algo vulgar, o excitante como ver una porno. Eran dos carajos que se ahogaban con algo que sentían, que estaba allí y no lo habían dicho hasta que el tal Jack, más valiente o más loco, no pudo aguantarlo más y decidió actuar, desencadenando toda esa tormenta. Tormenta que terminaría amargamente, pero ¿cómo podían saberlo en ese momento? La vida es eso, o debería ser eso, arriesgarse por saber si eso que se quiere, que se sueña, que se anhela de una forma que te roba la calma, la paz, la vida o la felicidad si no lo tienes, se te da.

 

   La segunda escena dentro de la carpa me pareció entonces algo más poético. No eran dos carajos que deseaban tirar para pasar la noche o un rato. Allí estaba el tal Ennis que gruñó que no era un marica y que eso no volvería a suceder y culpaba subconscientemente a Jack; pero que al llegar la noche, humilde, confuso, asustado ante lo que sentía, algo que iba contra lo que quería ser, va hacia la tienda porque su deseo o necesidad de ese otro sujeto era más grande que la suma de sus miedos. Y allí estaba el tal Jack. Y no parecía un marica vulgar esperando que otro tipo entrara para que le diera lo suyo. Era un hombre (que hasta se veía bonitico con esa luz rojiza) que esperaba al que ya sabía dueño de su vida, tal vez temeroso de que Ennis no fuera; pero esperándolo de todas maneras, con esperanza, porque ¿qué otra cosa puede hacer quien ya no es dueño de su destino sino que lo sabe en manos de otro?

 

   Y cuando el otro entra, casi con la cara enterrada en la tierra, Jack se sienta, lo soba, lo besa, lo abraza (y vaya mirada que le lanzó, realmente parecía alguien que esperaba a su amante). Lo recibe sin exigencias, sin reclamos, sin rencores por lo que el otro le había dicho. Ese tipo era eso, el que se entrega, el que se disculpa, el que siempre estará dispuesto a esperar y a entender, quien al ser ofendido, callará y esperará, para luego ir hacia el otro que llora amargamente y acunarlo con amor, aunque Ennis intente golpearlo como en la escena de la despedida final. Jack era ese, el que amaba y esperaba por el otro, el que seguramente soñaba con el día en que le dijeran, que se yo: te amo, Jack…

 

   Ya no era una trama morbosa o ridícula de dos maricos que se escondían para tirar de vez en cuando, por sinvergüenzas o sin oficios. Era una historia dura, terrible, la de Ennis, un tipo tosco, inexpresivo, luchando contra lo que siente, peleando contra su naturaleza, luchando para cambiar lo que desea, aislándose cada vez más de todo el mundo, intentando se duro (un macho), pero que jadea, vomita y golpea una pared cuando se separa de Jack la primera vez, tal vez porque le dolía mucho esa separación y no pudo decirlo, o no quería admitirlo, o por no haber besado por última vez a ese carajo de mirada triste y anhelante (y bonita) que se iba de su vida, sin saber si volverían a verse. Cuando se reencuentran, cuando se observa el nerviosismo de Ennis, su angustia ante la espera, y como corre hacia Jack abrazándolo, besándolo con rudeza, casi mordiéndolo, frotando su frente de él una y otra vez, sus acciones te dicen que eso era lo único que ese hombre siempre había querido en esta vida, a su Jack a su lado; pero ni cediendo aún en ese momento, ¡porque él es un hombre! Y los hombres duros ni bailan ni aman a otros carajos. Por su lado, Jack era… Jack. El amor que se da y dice acabemos con todo y vivamos lo nuestro, pero siendo siempre rechazada y alejada su generosa oferta.

 

   ¡Y así quedé atrapado en esa maldita película! Sólo podía pensar en eso. Para mí, esos tipos, Jack y Ennis, salieron de la pantalla como lo hacían los personajes en La Rosa Púrpura del Cairo, y se convirtieron en personas de carne y hueso. En gente que sentía y sufría. Eran, ahora, dos tipos que habían pasado por todo eso, que se habían amado muchísimo y lo habían perdido todo. Y eso me arrechaba otra vez, porque me parecía que yo los había visto padeciendo. Que yo los conocí; y sentía, cada vez que miraba la escena final, cuando Ennis tenía esos ojos cuajados de lágrimas, como un vacío maluco en… no sé dónde. Y me preguntaba qué podía haberse hecho para ayudarlos, para que encontraran la paz, para que Ennis entendiera que debía aceptar el regalo de Jack y ser feliz y hacer feliz a Jack.

 

   Sí, me obsesioné. Y me pegó duro, no se imaginan cuánto. Como a muchos de mis conocidos. Y por culpa de ellos caí en blogs y páginas en la Web que sólo empeoraron la cosa; pero de eso hablaremos después. Sin embargo, antes de despedirme, quiero compartir una imagen que me persigue aún todavía: Ennis del Mar debe tener más de sesenta años ya, si sigue vivo y no se suicidó o algo así. Ya debe haber pactado con la soledad y la nostalgia. Pero estoy seguro, no sé por qué pero lo estoy, de que cada noche, antes de dormir, y aún en sus sueños, llama a su Jack… Y Jack aparece, mirándolo con afecto, con su sonrisa suave y hermosa, como era en esos días en la montaña, acostándose a su lado, acompañándolo para ayudarlo a sobrevivir otra noche; porque, como ya dije, Jack era eso, el que acudía, el que disculpaba y entendía, el que se entregaba. Era el que más amaba…

 

Julio César.

YO, JULIO CÉSAR…

YO,  JULIO  CÉSAR…

   …en toda mi gloria.

 

   Saludos a todos. Comienzo diciendo que este no es un espacio apto para menores de edad ni gente que se ofenda fácilmente, manejo cierto tipo de visión que puede resultar incómoda a muchos. También confieso que estos temas llevo tiempo tratándolos ya en otros blogs, y no se crean, con cierto éxito, en casi un año he recibido siete comentarios… no el mismo día, claro (colapsaría). El caso es que cometí dos errores desde el principio llevado por las metas que me trace desde el inicio, ¿qué quería con estas páginas?

 

   Siempre he deseado escribir algo. Un libro, una novela completa, pero no he tenido suerte con la publicación, así que aquí dejaré conocer algo de mi trabajo para ver si les gusta, lo encuentran interesante o aún posibilidades.

 

   En segundo lugar deseo hablar de la cintas cinematográfica más maravillosa que se ha hecho en los últimos tiempos, desde LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ. BROKEBACK MOUNTAIN se ha convertido en una obsesión para mí y no deseo que muera nunca. Nada me había gustado tanto desde XENA, Princesa Guerrera (ah, qué mujer).

 

   Por ultimo, quiero hablar de cosas conocidas y sufridas por mí, de mi país, Venezuela. Deseo hablar, delatar, atacar y clavarles el diente a mis enemigos. Y lo hago sin piedad, de forma reiterada (de mis otras paginas siempre se quejan mis conocidos de que meto mucho de eso), no puedo evitarlo.

 

   Con esos tres elementos en mente, cometí el primer error en el otro blog, lo hice… excesivamente crudo, totalmente grosero, obsceno y pornográfico, utilizando los temas de unos cuentitos cortos que escribí hace añales y que sí gustaron, me pagaron y publicaron (créanme, es vulgar, no se molesten en buscarlo). Lo hice para llamar la atención, que la gente entrara por el morbo y medio leyera lo otro. El problema está en que no conté con que muchas de mis amigas querían leer pero encontraban chocante después de leer algo sobre los vaqueros, toparse con los otros relatos (e imágenes). Y tuve problemas con el cupo de imágenes en otro, por lo que cerró. No quiero cometer esas mismas equivocaciones ahora.

 

   Muchas de las cosas que relato aquí, muchísimo, lo escribí hace tiempo ya, pero deseo presentárselos. Tampoco quiero despegarme tanto del tinte ‘sensual’ que quise imprimirle a aquel, me dio buenos resultados por otros lados (y aquí sí no hay segundas intenciones). Espero que lo encuentren interesante.

 

Julio César.

NAOMI CAMBELL, GENIO Y FIGURA

NAOMI CAMBELL, GENIO Y FIGURA

   -Resbálate conmigo y te j…

 

   -Cállate cretina antes de que te mate… -grita desaforada la hermosa negra de largas piernas y ojos desorbitados, logrando que media servidumbre corriera, la otra se paraliza de miedo y los perros aullaran en las calles cercanas.

 

   Así me imagino a Naomi Campbell en la intimidad de su casota, la hermosa, espigada y malgeniada súper modelo (dicen que lanzan rayos, de ahí lo súper, ahora lo creo). Esta mujer que lo tiene todo, a pesar de todo, se ha tropezado con su muy mal genio varias veces. Mal genio y otras vainas que carga en su polvera, ahora se sabe. Primero estuvo lo de la asistente a la que le reventó un celular en la cabeza (¡te dije que no estaba para nadie!). Luego el policía con el que intentó cachetearse (soy yo, Naomi, ¿no me reconoces, infeliz? Yo puedo hacer lo que quiera). Ahora la bajan del avión, y no sólo eso, ella puede ostentar el privilegio de estar en la lista, imagino que con Bin Ladem y Carlos, el Chacal, si no estuviera preso, de quienes no pueden abordar dicha aerolínea. Qué éxito…

 

   Lo de su carácter endemoniado viene de lejos. De un programa del canal por cable SONY, llamado algo como SABADO EN LA NOCHE EN NUEVA YORK, recuerdo, con muchas risas todavía, un segmento donde una catira de pelo lavado, delgada, de rostro raro, presentada como Donatella Versace, en su casa, le gritaba a unos modelos todos raros que bailoteaban por allí en shortsitos. El caso es que llamaban al timbre de la puerta, se oía a alguien gritar “abran maldita sea”, y cristales rotos; y esa catira decía:

 

   -Oh, no, Naomi Campbell llegó…

 

   En el orden natural, yo la amaría, aún por su genio. Admiro profundamente a las mujeres de carácter y temperamento, desgraciadamente contra ella se han lanzado dos acusaciones, una más grave que la otra (tal vez incierta, pero la sola duda la condena) que me la sacaron del hígado. Que una mujer de raza negra, inmigrante, triunfe como lo hizo ella, es un ejemplo para muchas, ella ejemplariza la atracción de las razas, a pesar de lo que dicen los necios; y le daba esperanzas a millones de niña, aunque fuera por razones erróneas, como triunfar por el físico, aunque no es todo, una modelo tiene que ser constante también, o perece. Pero lo hecho durante años, esta belleza lo destruye cada vez que abre la boca, porque en cuanto lo hace, además de manotear, mete la pata.

 

   ¿Qué tengo contra Naomi? Que vino a retratarse con Chávez, como si de una hazaña se tratara. Recuerdo una crónica social del diario EL NUEVO PAÍS, chiquito y venenoso como él solo, que describía el encuentro entre nuestro (lamentablemente) presidente y la giganta de ébano. Al parecer él estaba encandilado con ese mujerón, y ella le sonreía con coquetería, todo modosita, ocultando su genio. Tomaron asiento para hablar,  fue cuando (según aquella crónica) Chávez le vio el tamaño de los pies. Al  parecer lo impresionó tanto que aunque hablaba con ella, miraba y miraba aquellos pies enfundados en unas sandalias abiertas. Tal vez mostraba algún callito, tal vez agitaba los dedos como si le picaran. El caso es que Chávez pareció desencantarse después de la sentada. Y eso que esa visita no fue muy casual sino inventada por el Ministerio de Propaganda en respuesta a un articulo malintencionado venido de España que decía que Chávez sólo se reunía con machos (chulos, diría yo, viene a ver qué le sacan, como lo hizo Rodríguez Zapatero en su momento), sugiriendo cierta ‘rareza’, que hizo vomitar de rabia al Presidente basilisco, cualidad que comparte con la fémina.

 

   Lo otro que me hace detestarla, lo verdaderamente grave, fueron las declaraciones de una ex asistente quien aseguró, según esa mujer, que fue ella quien introdujo a Heath Ledger en las probadas a la coca. Con eso se me terminó de salir. No sólo es patética como todo el que consume, sino que mete a otros en esa mierda. Eso es intolerable.

 

Julio César.

CORDIALES SALUDOS A TODOS

CORDIALES  SALUDOS  A  TODOS

   Sonríe y el día es menos malo…

 

   Hola a todo aquel que lea esto y que aún sienta dentro de sí cierta chispa de ternura y cariño por la hermosa película Brokeback Mountain. Soy un venezolano fanático de cierta edad ya, dentro de tres años cumplo cuarenta, y es un número que me asusta un poco. Como leyeron más arriba, fui un día, hace ya casi dos años a ver una película y quedé muy impresionado con ella. Repetir todo lo que me dolió, conmovió (y hasta hizo llorar como idiota) sería redundante. Para mí fue toda una revelación, dulcemente deprimente por un lado, dolorosamente grata por otra.

 

   Con el tiempo, cuando este pasa, comienzas a hacer balances de tu existencia, y aunque la mía ha sido buena, y me gusta, hay muchas cosas que a los dieciséis años quise hacer, que no las realicé. De forma general, no afectaron mi vida, pero en su conjunto, en sus detalles, me llenan de insatisfacciones, de sin sabores. En algún blog de opinión creo que ya he expresado esto, pero debo repetirlo aquí ahora que comienzo con esta página. De muchacho yo soñaba con ir a España y correr en la feria esa frente a los toros, o ir a lanzarle tomatazos a todo el mundo en aquella otra; deseaba pasear en góndola por Venecia, bien acompañado de alguien que me gustara en verdad; recorrer el estado de Israel, guía en mano, deteniéndome frente al Muro de los Lamentos o subiendo a El Calvario (seguro que los ojos se me hubieran empañado). Quería escribir un libro. Deseaba tener una casa grande, con mucho patio para sembrar árboles frutales, hacer parrilladas y tender una hamaca.

 

   Repito, mi vida es buena, pero no hice nada de esto. Sí, viajé y conocí, pero no esos puntos. Intenté escribir, desde hace años, pero nadie se sintió motivado a publicarme nada, aunque decían que eran tramas divertidas, entretenidas o bien hiladas (lo único mío publicado fueron dos cuentos cortos de tintes pornográficos, qué sí gustaron mucho).  Por eso cuando vi la película, me enterneció horriblemente Jack Twist, desesperado y atractivo, intentando por todos los medios de convencer al único carajo que había querido de verdad en su vida, de que escaparan juntos y vivieran felices en un punto perdido. Era todo lo que buscaba y esperaba de la vida, porque lo suyo sí era amor, no sólo ganas de carne como muchos criticaron después en los blogs, de ser así cualquiera le hubiera servido, pero durante toda su corta vida, sólo esperaba por Ennis. Verlo fracasar en alcanzar eso, me dolió de una forma personal y terrible.

 

   El fracaso de Ennis fue mayor, y más deprimente. Viéndolo viejo y solo, recordando a Jack, lo que tuvo y perdido, pensando que tal vez pudo hacer las cosas distintas y haber sido un poco más feliz, llevar una vida más plena y llena, me dejó mal. En su rostro de ojos aguados de lágrima, de frustración, de arrepentimiento, seguramente pidiéndole al Cielo otra oportunidad para hacer las vainas distintas, me hizo darme cuenta que el tiempo pasa y que lo no se hace, no se dice o lo que se pretende dejar para después, pede volverse en nuestra contra. No se debe vivir bajo la premisa de que siempre hay tiempo para cambiar o rectificar, a veces no es posible sin tener que llegarse a lo dramático como la muerte de Jack, aunque ese motivo también hay que tenerlo en cuenta. Es por ello que cuando supe de estos blogs, y la oportunidad de crear uno, me decidí a escribir las cosas que pensaba. Aquí hablaremos de Brokeback Mountain, en otras páginas lo hago de otros temas, pero dejemos eso para más tarde.

 

   Por cierto, ¿saben qué fue lo dolorosamente grato de la cinta?: el personaje de Jack Twist, claro. Me avergüenza un poco decirlo, pero desde el primer momento… creo que me enamoré de la idea de ese vaquero de ficción. Me pareció, y parece, que era un tipo lanzado, decidido, alegre, el eterno optimista que cree que si insiste y persevera, un día la felicidad se le dará como recompensa (pobrecito). Durante veinte años amó y fue amado, pero siempre esperó un poquito más, el: Jack, te amo. Si embargo, continuó allí, junto a la persona que quería. En mi caso personal, he conocido a muchas personas (bueno, no tantas como para llenar la página de un cuaderno) y aunque muchas significaron bastante, siempre sentí que nunca había querido de forma total, intensa y real como cantan en las baladas o declaman los poetas; y ver eso en esa película, la fuerza de ese amor, una fuerza de la naturaleza como decían, me hizo envidiarlos y cuestionarme que había algo importante que tampoco viví. Cuántas tonterías se pueden pensar en un momento dado, ¿verdad?

 

   Pero hablemos de la cinta, mientras escribo esto, el cielo está nublado en Caracas, ha llovido toda la noche y eso afecta el ánimo. RCTV, el canal de televisión, sigue cerrado y el Presidente, mediante decretos amañados y triquiñuelas se dispone a cambiar la Constitución para eternizarse en el poder. No es un día bonito. Por eso quiero pensar en Jack Twist sonriendo, sonriendo como tanto hacía en esa película, como parece que hace siempre el joven que le dio vida, Jake Gyllenhaal, quien tendrá que perdonarme, pero para mí siempre será Jack, el hermoso Jack Twist.

 

   Pobre Ennis del Mar, tan macho y cerrado como era, cayó bajo el embrujo de esos ojos grandes, de esa sonrisa bella, allí, a las puertas del trailer de Aguirre; pero ¿quién habría podido resistírsele? Lureen, mimada y rica, se prendó de él en una cantina y no paró hasta que fue suyo en el asiento posterior de ese carro; ¿y cómo no sí lo vio sonreír? Alma lo odiaba, pero porque no lo conocía, si se hubieran tratado, si él le hubiera sonreído, también ella lo habría adorado, comprendido a Ennis y deseándoles fueran felices. Dios, que sonrisa tan bonita… Casi tanto como su mirada. Y casi es injusto para con los demás.

 

Julio César.

SIEMPRE EN EL GIMNASIO

SIEMPRE EN EL GIMNASIO

   “¿Qué tanto me mirará ese sujeto?” –pensaba Tony, inquieto ya.- “¿Le deberé plata? ¿Quién será? Nunca lo había visto en este gimnasio. Tiene buena pinta, aunque mis bíceps y pectorales están más desarrollados. Coño, me pilló mirándolo. Ahí viene, ahora me dirá alguna pesadez. Olvidé que ni aquí ni en las duchas se debe mirar mucho a nadie”. –se incomoda mientras el sujeto pasa tras él.

   -Bonitas nalgas. Se notan redonditas. Espero verlas algún día… -y siguió.

 

Julio César.