Blogia

juliocesarqt

CALOR…

CALOR…

   -Perdone que lo reciba en estas fachas, vecino, es que hace tanto calor. Mi esposa toma una ducha, es ella quien tiene los papeles del condominio. Mejor voy a cambiarme y a decirle que se apure…

 

   -¡No! No se preocupe, vecino. Déjela que se refresque. Si no le molesta voy a sentarme aquí frente a usted y la espero todo el tiempo que haga falta.

 

Julio César.

CADA DÍA MÁS LIMITADOS

CADA DÍA MÁS LIMITADOS

   -Desespero porque quiero…

 

   Hace poco, muy poco es verdad, leí en una revista que a la actriz Teri Hatcher, la Susan Mayer, de la serie MUJERES DESESPERADAS, la tenían vetada o en una lista de gente no querida en Filipinas. Me pregunté, vaya, ¿qué hizo? Leí para no cometer ese error. Al parecer en un capítulo de la dichosa serie que me parece angustiante, en un consultorio médico, sufriendo de calorones y vainas, un doctor la examinaba y le insinuó que podía ser la menopausia. Molesta ante esa evidencia de vejez y decadencia, como pareció entenderlo ella (tengo amigas que están locas por terminar de menstruar), le preguntó qué clase de médico era, que deseaba ver sus títulos, preguntándole dónde se graduó, ¿en Filipinas?

 

   Eso bastó para que cayera en la mala. Es de suponer que los filipinos, dentro y fuera de Estados Unidos, deberían molestarse con los guionistas, pero eso no es tan chévere. Es mejor odiarla a ella que es una figura pública conocida y medio famosa, a detestar a Pito Pérez, el escritor, a quien sólo conoce su mamá y eso porque no lo olvida ya que aún vive con ella (¿ven que fácil es lanzar una generalidad ofensiva?). ¿Pueden imaginar a un filipino en la calle diciéndote: Estoy molesto con Pito Pérez? Uno debe, obligatoriamente para saber de qué habla (a menos que uno pretenda saber ya porque no te interesa para nada): ¿Y quién carajos es Pito Pérez?

 

   Claro que esta es una individualidad, Teri Hatcher contra Filipinas, o los filipinos contra ella; pero la cosa se generaliza. Leí que algunas cadenas debían cambiar sus programas porque la aparición de un personaje actuando como un retrasado, era ofensivo para este o aquel grupo; que palabras como gordo, negro, judío, ha intentado penalizarse socialmente. Llamar gordinflón a alguien es un acto casi vergonzoso que delata bajeza. Poco a poco la gente va limitándose en su forma de hablar, o debe buscar largos eufemismos para decir la misma cosa. ¿De verdad una persona puede sentirse ofendida porque en un programa informativo usen la frase “la población negra protesta contra…”, en lugar de “la población afro descendiente”? Suena tan idiota. Pero así son las cosas. Y como las costumbres permean, no sería raro que en zona como estas nos alcance tal moda tarde o temprano. Aparentemente a los norteamericanos les gustan esas sutilezas de odio, de resentimientos; lógicamente hablar entre ellos se dificulta, y se dificultará más en el futuro. Por estos lados no es un delito todavía decir negro, gordo, portugués, retrasado o evangélico; pero es que, para resumir pensando en los norteamericanos, como decimos por aquí y que no se ofendan ellos que son tan propensos a eso: no hay nada más bruto que un buey americano.

 

Julio César.

DICEN DEL AMOR Y LA AMISTAD

DICEN DEL AMOR Y LA AMISTAD

   Temo que si te miro, leerás en mi corazón…

  

   Hay quienes sostienen que la amistad puede ser más profunda y sincera que esa emoción poderosa y extraña que llaman amor, porque el que quiere se siente en el deber de cumplir, de mostrar que ama, de probarse, de llamar, visitar, besar, de decir ‘te amo’; pero el amigo no, la amistad nace porque se quiere, sin un propósito ulterior, simplemente por las ganas de estar. No lo sé, ¿puede algo sustituir el deseo de estar con alguien, de mirarla, tocarla y besarla? ¿Qué puede haber más grande que esa pasión que no nos deja hablar a veces, que nos impide mirar al objeto de nuestro deseo por temor a sucumbir al más terrible de los ridículos, exponiéndonos a un rechazo que, lo sabemos, nos matará? Pero que también nos impulsa y empuja a continuar.

 

   Buda sostenía que el deseo engendraba sufrimiento, tal vez hablaba de los celos, del temor de no ser correspondido, de todo eso que llena de zozobras nuestro corazón cuando amamos y no sabemos si nos quieren, ¿qué padecimiento nos parece que puede ser peor que ese?; pero ¿acaso no pasa igual con las amistades? ¿Acaso no deseamos su felicidad, no esperamos ver sus sonrisas de alegría, saberlos satisfechos, cómodos, felices? ¿No los celamos y no nos angustia saber que pueden alejarse? ¿Acaso no queremos también a nuestros amigos?

 

   ¿Qué decir de quienes aman con todo su corazón a quien es también su mejor amigo? ¿Qué de aquel que durante toda su vida sólo tuvo un amor y conoció una única amistad y lo pierde todo en ‘un recodo del camino’, deseando morir en ese instante? ¡Qué desolación, ¿verdad?! Pero también… ¡qué amor más grande! El irreflexivo dice alegre, temeraria y tontamente: yo no tengo amigos, yo no quiero a nadie. Pobre, qué vacía debió ser toda su vida, que solitaria es su casa; tal vez tenga suerte y jamás se detenga una tarde, abrumado de pronto, preguntándose: “¿Cuándo y dónde fue que me equivoqué?”. Por suerte, hasta los más duros parecen capaces de querer, eso nos sirve de consuelo a todos los demás.

 

Julio César.

WILLIAM ECHEVERRÍA, IZARRITA, TELESUR Y COLOMBIA

WILLIAM ECHEVERRÍA, IZARRITA, TELESUR Y COLOMBIA

   -Déjame explicártelo lentamente, este es un pezón.

 

   Qué escándalo se armó con unas declaraciones del ministro de la defensa colombiano, el señor Santos, y en Estados Unidos, ni más ni menos, como para que causara más malestar, sobre la utilización de símbolos de TELESUR por el comando que rescató a los quince rehenes aquellos. En TELESUR, un supuesto canal divulgativo que no se sabe exactamente qué son (ahí dicen retenidos por rehenes, y liberados por rescatados, ¡son tan extraños!), se molestaron. El ministro Santos parece estar jodiendo más de la cuenta, y por el simple, chocante y ruin fin de burlarse de sus enemigos (es qué es tan fácil), pero debería medirse. A menos que sea a propósito, para sembrar en algunas mentes una asociación (¡Jesús, María y José!) TELESUR-FARC. Son tan mañosos esos cachacos.

 

   Izarrita, el ministro de propaganda del régimen, con ojos desorbitados (el exceso de rimel se los hace ver inmensos), VTV y TELESUR no han dejado de cacarear desde ese momento, parecen gallinas que quieren poner un huevo que no sale. En sus extravíos han llegado a los límites (no del ridículo, ese lo pasaron hace rato), de querer equiparar a TELESUR con la CRUZ ROJA. Hablan de engaño alevoso, ruin y cobarde en las actuaciones del ejército colombiano, y aquí llegamos a lo que en verdad les duele: que a las FARC les hallan echado esa vaina, una vainota más bien. Pero aquí hay que aclararle varios puntos a estos politiquillos de medio pelo, cosa tontas que ellos deberían saber, seguro lo saben pero lo obvian contando con que los demás son pendejos, y en este grupo incluyo al insulto y tibio Presidente del Colegio Nacional de Periodista, William Echeverría, quien se suma al coro de los que protestan; de este señor me temo termine haciendo más daño que un chavista de uña en rabo o un opositor recalcitrante. Es lo malo de esa gente que quiere estar bien con Dios y con el Diablo, que se sonríe con el que está presente, sobretodo si cuenta con poder, y luego se sonríe con los contrarios y promete lo que no puede hacer. Hasta la Biblia advirtió contra esta gente, los tibios de corazón.

 

   Bueno, al punto. Cuando la guerrilla secuestró a muchos de esos policías, militares y políticos, lo hizo con un engaño, en medio de un ataque llegaron en un autobús oficial y vestidos de militares regulares, y se fingieron institucionales para secuestrarlos. En ese momento tal acción fue un ardid heroico, osado y valiente, no un engaño vulgar. No capturaron (secuestraron) a esa gente mediante un ataque frontal y viril, ah, pero se les aplaudió. Ahora, y en eso se suman muchas otras voces, el ardid mediante el cual el ejército colombiano engañó a los irregulares, con símbolos de TELESUR incluidos, es una bajeza, una cobardía; y lo gimotean con lágrimas en los ojos ante tanta villanía. Y no hablo únicamente de estos grupos que bajo el amparo del colosal ingreso del narcotráfico que sostiene a estos movimientos, salen a gritar contra Colombia y su ejército. Muchas personas de buena voluntad creen también eso, porque esa es la ventaja del mal, del terror, que pueden actuar como les de la gana para alcanzar sus fines, sin detenerse ante nada y hay que aceptarlo, pero las fuerzas regulares deben actuar según ‘ciertos valores’. Mentir, emboscar y matar es prerrogativa de mal, el bien no puede hacer nada de eso. O eso pretende estos cachorros del terror. No, señor William Izarra, ante estas lacras que durante años han causado dolor y muerte en el suelo granadino, cualquier método para exterminarlos es válido.

 

   Ahora lo de TELESUR, y preste atención, señor William Echeverría: esta cadena televisiva desde el mismo momento de su nacimiento dejó claro que sería una vitrina rota de las bandas irregulares, donde algunos los apoyaban para ver que pescaban en río revuelto, algunos buscaban controlar otras regiones mediante lo que cree que debe ser, y los asalariados del narcotráfico; recuerdo que comenzaron con un video feo y viejo, medio pavoso, de una joven cantando el himno de las FARC, ni el sentido común de disimular tuvieron. Los cantos revolucionarios, los ataques desmedidos contra la comunidad europea y los Estados Unidos, así como a los gobiernos de derecha, sin razón justificada, no es de gratis. Hace poco, por error, caí ahí (creí tenerlo bloqueado, siempre temo sentarme y encontrar a Chávez hablando paja) y transmitían un micro sobre la bomba atómica arrojada sobre el Japón, de cuantos muertos hubo y todo eso. Como no eran días de conmemoración imaginé que era un contenido regular, y me pregunté si alguna vez habrán hablado sobre los horrores cometidos por el Japón en China y Birmania en la misma época, algo que hasta los nazis, sonrojados y mirando al suelo, reprobaron. Seguramente no, porque en su concepción de lo que es un medio de izquierda dizque informativo, eso no cuadra.

 

   Desde TELESUR salen los análisis más recalcitrantes, contrarios y antagonistas a gobiernos como el colombiano, desde allí se intentó disfrazar el hecho de que Ecuador cobijaba campamentos guerrilleros, cuadrándose con estos en contra de Colombia, sumándose luego al llanto falso de Rafael Correa condenando al ejercito y gobierno neogranadino. Aún no se ha explicado cómo en plena selva, una larga entrevista al uno de los comandantes, Cano, este fue grabado en una propiedad privada. No han explicado, tal vez no pueden, cómo no le preguntaron en esa extensa entrevista a Iván Márquez, donde este prometía que no descansaría hasta que más sangre corriera en Colombia, qué pensaba él sobre el que Colombia toda salga a protestar contra las FARC. No, nada de eso entra en sus cálculos. Actúan como una oficina de relaciones publicas de la narcoguerrilla, sin detenerse en difamaciones, inventos y calumnias, pero desean que se les aplique el código que protege a la prensa cuando los tocan, aunque les sepa a caquivia que otros medios sean atacados, perseguidos y cerrados.

 

   Señor Izarra, ¿acaso el cerebro no le da como para saber que cuando se toma partido en una guerra, de forma abierta, se debe estar preparado para las represalias? Si te unes a mi enemigo, también tú eres mi enemigo. ¿De verdad no lo sabía? Recuerdo cuando se hablaba de la reforma constitucional, el diciembre pasado, la abogado Rocío San Miguel iba de televisora en televisora, angustiada, explicando que un gobierno no podía crear guerrillas urbanas y decir que cada casa debía ser una trinchera, porque en cuanto una calle, una casa, se arma para atacar a un hipotético enemigo, este recibe el permiso para destruirlos por la fuerza. Pero eso no lo sabía la gente de TELESUR, y cómo ahí lo único que se hace es halarle mecate a quien suelta los reales, no buscan quien los medio oriente; pero ¿qué no lo sepa el Presidente del Colegio Nacional de Periodista antes de salir a pedir respeto para TELESUR, a ellos que no respetan ninguna norma? Señor, asesórese.

 

Julio César.

LOS SUPER VILLANOS

LOS SUPER VILLANOS

   -Jamás estarán a salvo…

 

   Las aguas vuelven a sus causes. Caído el mundo comunista, el mundo libre echaba en falta al gran enemigo, al horrible y peligroso ser que amenazaba la democracia, la libertad, la belleza y… el comer hamburguesas, me imagino; algo que es realmente delicioso, (ahí pierden puntos los enemigos de los Estados Unidos, criticándola, todos la aman aunque renieguen de ella). Los comunistas habían perecido por corruptos, represores y autoritarios… o eso fue lo que se le dijo a la gente; la verdad es que un sistema político donde se homogeniza el pensamiento, donde se busca la medianía en la conducta, tirando a la mediocridad, no puede hacerle frente a naciones donde se incentiva la competencia, la investigación y donde se premia al sujeto que ‘inventa’. Pero al desaparecer, el mundo miró con recelos a Estados Unidos, ahora la única súper potencia (eso volvió loco a Chávez), el gigante que sonreía pero siempre llevaba presto el garrote para aplicarlo donde hiciera falta, es decir, donde ellos dijeran que debía caer. Pero en el fondo, los gobiernos necesitaban ese algo que aglutinaba a la gente a su alrededor, que les hiciera creer lo que dijeran: que había estrechez, crisis inmobiliaria o recesión, porque el siniestro, inteligente y despreciable súper villano estaba tramando el fin de Occidente. No había con qué meterle el miedo a la gente en el cuerpo para que se comportaran, resistieran y callaran.

 

   Eso cambió en una fecha tan conocida como trágica, el 11 de septiembre de 2001; ese día amanecimos de repente enfrentados a la realidad de seres totalmente inescrupulosos que eran capaces de lanzar a otros a la muerte para gloria de ellos. El asunto de los aviones secuestrados y lanzados en ataques suicidas a mí me pareció realmente grave y revelador, esos aparatos iban llenos de personas, pero eso no importó a la hora de estrellarlos contra las Torres. Me dije, “si hicieron eso, ¿qué les impediría hacer estallar armas nucleares en Madrid, la plaza de San Pedro o en La Meca misma si las tienen?”. Entendí que los Estados Unidos debía ir a la guerra, era de lógica, ¿qué país sobrevive a semejante ataque si no responde? Tanto fue el impacto recibido esa mañana que los norteamericanos se arremolinaron al rededor de la figura presidencial, el antipático y desagradable señor Bush hijo. El tiempo lo ameritaba. Luego comenzó un periodo extraño donde se intentó elevar a los talibanes a la categoría de súper villanos. Al principio la cosa resultó, el recuerdo del ataque, las amenazas de nuevos atentados, las decapitaciones y demás, aterrorizaron al mundo… hasta que se dieron cuenta de que tras los videos lo que había era un sol implacable, arena y mierda de camellos.

 

   Osama Bin Ladem, oculto como cachicamo, con esos videos viejos, mal editados, con esas letricas imposibles de leer, no daba la talla. Se estaba en presencia de un vagabundo, de uno de los peores, con plata para comprar armas y sin la decencia de matarse él mismo en un ataque sino enviando a los bolsas; pero fuera de eso no era nada. Ese país, Afganistán, era pobre de solemnidad y aunque el señor Osama era, se aseguró, un hombre muy rico, de bien poco les valió. El ataque a Afganistán y luego a Irak, sin que se encontraran las míticas armas de destrucción masiva (y aclaro que no siento ningún pesar por el régimen caído del señor Sadam Hussein, ni por su suerte), dejó muy mal parados a los fabricantes de estrellas. La gente se preguntaba: ¿Y las súper armas? No las había. Repito, sólo arena y sequedad, no había ejércitos multitudinarios, ni misiles con cabezas nucleares, ni satélites amenazantes, ni armas tan extrañas como sofisticadas, sólo bocones que gritaban que harían y harían y nada hicieron.

 

   Lo de Irak es patético, mientras el noventa por ciento aspira vivir libremente,  en paz, intentando adoptar un sistema político democrático, un pequeño grupo pone bombas, mata gente y grita que quiere lo mejor para su país y que se vayan los invasores. Lo curioso es que muchas personas parecen darle tanto peso a lo que desea el noventa por ciento como a lo que dice este montoncito; me parece que en eso se dejan llevar por el primitivo odio tribal contra Norteamérica, nación a la que toda persona menos capaz debe odiar, necesariamente, para sentirse mejor por toda la eternidad. Estos grupitos se comportan como las FARC, aunque estas ya ni decir que actúan en nombre de Colombia, quien les ha hecho bastante el fo, pueden.

 

   Pero cuando nos habíamos ido quedando sin miedos (y uno no sabe si fabricado también, o justamente por eso), aparece Rusia nuevamente en escena. La otrora súper potencia, la muralla roja, ese lugar dantesco de donde surgían los peores planes contra Occidente. El señor Putin, creyéndose más un zar que un premier, mueve al país a su antojo, igual que al gobierno títere que puso al frente. La guerra contra Georgia fue un claro maullido para darle a entender a Occidente, la OTAN y Estados Unidos, que aún están ahí y pueden arrecharse si los jorungan mucho. En repuesta a la ampliación del Tratado del Atlántico Norte, que aspira colocar misiles en la propia Polonia, a pata de mingo, Rusia responde con esto, sabiendo que Estados Unidos haría muy poco para frenarlos. Por un lado privan los intereses económicos, por el otro deben actuar con cautela, Rusia no es Afganistán o Irak, pueden tener armas desconocidas, por difícil de creer que sea en este mundo tan ‘espiado’.

 

   Como sea, el señor Putin es una figura más atractiva para encarnar a un genio del mal, a la Mente Maestra; el verdadero Fu Manchú. Uno puede imaginarlo, con un largo y oscuro sobretodo que más parece una capa ondeando a sus espaldas, abordando un trasbordador y saliendo del planeta, reuniéndose con los chinos, que visten coloridos kimonos, con sus manos ocultas bajo las mangas, en una estación espacial, de la cual se desarmaría la mitad, apareciendo un largo cañón, ¡el rayo de la muerte!, que apuntaría al Oeste. Es fácil entender por qué esto resulta más llamativo. Y nosotros, la gente común, quedamos donde comenzamos hace sesenta años, aunque ahora Rusia sea más bulla que cabuya.

 

Julio César.

UN DÍA, MUCHOS AÑOS DESPUES…

UN DÍA, MUCHOS AÑOS DESPUES…

   Esa dicha debió indicarte que ahí estaba tu destino…

 

   Hace tiempo, en uno de esos blogs a los que tanto me aficioné llevado por amigos, sobretodo por Fátima, a quien la película le pegó duro desde el primer momento (un día les contaré cosas sobre ella), leí una linda historia, escrita por no recuerdo quién, tal vez era EL PUTO JACK TWIST, o UN ANGEL, pero no estoy seguro. Los dos escriben muy bien y bonito. El relato era sobre la muerte de Ennis del Mar, de cómo él la imaginaba. Era algo desgarrador, hermoso y terriblemente triste. A mí me encantó, aunque me sumía más en ese aire de melancolía y tristeza, y también de enamoramiento, al que me arrastró la cinta, debo admitirlo. Creo que ya he dicho que soy incondicional de Jack Twist, quiero tanto a ese personaje que cuando veo a Jake Gyllenhaal en otras cintas, me parece que es más que bueno, una maravilla, uno de los mejores del cine, aunque no fue la gran cosa en El Día Después de Mañana. En Cielo de Octubre me parece que estuvo mucho mejor,  aunque no transmitía tanto como ahora sabemos que puede hacer. Y no me acusen de hereje aquellos que lo aman y admiran igual que yo, como años atrás hacía yo con quienes criticaban El Imperio Contraataca. Es lo que pensaba antes. Ahora me parece que ese hombre es increíble, porque la luz de Jack Twist, el personaje que creó, ilumina todo su trabajo presente, pasado y seguramente futuro.

 

   Bien, vuelvo a ese relato: como dije era hermoso, y la mayoría de los que hacían comentarios en esa página estaban de acuerdo. Muchos apuntaban que habían llorado al leerlo, lo que no me era difícil de creer. También yo lo hice un poco, bueno, no tan poco como me gusta admitir. El caso es que hubo un disidente, alguien que decía que no estaba de acuerdo, que había sido algo injusto y triste, que él prefería imaginar que Ennis del Mar vivió triste durante mucho tiempo, soñando con su joven amor de mirada azulada en lo alto de una montaña, hablándole de vez en cuando y pidiéndole que lo acompañara en los días y noches malas; que llevaba una vida de soledad, hermoso y rudo como era, cargando con una existencia aséptica, sin lujos ni gustos, hasta que un día repara en la mirada nerviosa y turbada de un joven peón que estaba prendado de él. Sería… bonito imaginar que eso pasó, que Ennis no terminó horriblemente sólo; pero por dos motivos, no le veo futuro a la idea. O tal vez no entendí tan bien la película como creí hacerlo.

 

   Lo primero es que Ennis del Mar no parecía el homosexual típico. No hablo de que fuera cerrado, inaccesible, homofóbico y que temiera mostrarse al mundo como era en realidad. El caso es que Ennis del Mar era un hombre imposibilitado para mostrar afectos, o afecto a secas, y tal vez hasta para sentirlos. Eso impidió toda posibilidad con su mujer, Alma, o con aquella camarera, o con sus propias hijas. En una escena de la película, cuando está regando brea o algo así en una calle, se nota que un tipo intenta hablar con él, y él ni le para. No lo mira, no le habla. Así era ese carajo. El único que logró superar todas sus reticencias, sus barreras, prejuicios y hosquedades había sido Jack Twist (¿y cómo no iba a hacerlo un tipo tan bello y apasionado?). Y Ennis se enamoró de él, del tipo que le enseñó que estaba vivo. Toda su felicidad, y todo su tormento, vino de eso, de que por primera vez alguien lo hacía reír, hablar, amar, desear compañía, caricias y ternura, pero resultó que esa otra persona era un hombre. El drama para Ennis del Mar era que se había enamorado de un hombre, que su primer y único gran amor era ese, Jack Twist. Durante toda la trama Jack coquetea con la idea de estar con otros, aceptándolo digamos que como una necesidad biológica y hasta afectiva mientras iba envejeciendo y entendía que Ennis jamás cedería. Pero Ennis jamás lo hizo, nunca consideró posible el mirar a otro sujeto. Amó y sufrió, y ese sufrimiento debió asociarlo a su amor por un tipo, por lo que creo difícil, sobretodo en un ser como él, que lo intentara otra vez después de la muerte de Jack. A menos que fuera eso lo que le prometiera en la última escena, que juraba intentar vivir de nuevo. Y eso me lleva al segundo punto…

 

   El cual es que no lo acepto. No puedo imaginar que después de Jack Twist, Ennis pudiera desear estar con alguien más. Más que eso, no me parece justo. Jack, el alegre, parlanchín, vivaracho, lleno de ternura, de amor y entrega le había ofrecido todo su amor, y él lo tomó, por sorbos, obligando a Jack a vivir solamente por ratos; y Jack había muerto en un estúpido accidente (es lógico que Lureen también estuviera mal, había perdido a Jack). No es justo que Ennis siga adelante, que encuentre a alguien más y ame, alegre y feliz, comiendo perdiz. No, me gusta más la imagen del eterno viudo que cada mañana lleva la cuenta de los días, meses y años que ha vivido separado de su gran amor. Sé que es algo duro y cruel, pero Ennis fue duro y cruel con Jack, a pesar de que también él sufrió mucho. Sencillamente me cuesta perdonarlo. Sin embargo, no me parece decente mostrar únicamente mi parecer, así que voy a reproducir aquí un cuento sobre Ennis del Mar que tomé de uno de esos blogs hace dos años y que archivé en Documentos, por lo que para ahorrar espacio me salté mucha información y ahora no sé quién lo escribió, ni siquiera el título original que llevaba. Si alguien lo reconoce, que no se moleste conmigo e intente transmitirnos la información para que todos sepan quién fue el poeta original. Lo reproduzco ahora en reconocimiento a sus méritos, aunque lo adapto un poquito a lo que pienso. También en memoria de Jack.

 

 

UN DÍA, MUCHOS AÑOS DEPUES DE BROKEBACK MOUNTAIN

 

   “Ya ha transcurrido demasiado tiempo desde el año de Jack”, pensó Ennis con una leve sonrisa de pesar y ternura al levantarse de la cama y verse cegado por la brillante luz del exterior de un día más, otro que había logrado sobrevivir sin saber exactamente cómo. Y su mente lo llevó, como cada mañana, a Brokeback Mountain, donde los inviernos solían ser duros y largos, con una nieve que no abandonaba el lugar hasta bien entrado el mes de abril. Eso decían todos; sin embargo, ese año, el año de Jack Twist, salvo pequeñas lluvias ocasionales, el cielo había resplandecido con un azul puro y helado, y continuó así hasta pasadas las fiestas de navidad. Un azul que a él se le antojaba hermoso, sin entender bien el por qué, hasta que una noche se miró a sí mismo en los ojos de Jack.

 

   El hombre observó durante un largo rato el huidizo reflejo de su rostro en la ventana, fijándose en los ángulos y surcos que los años habían trazado en sus facciones, en su cabello cada vez menos dorado y más grisáceo, y en su expresión cansada. No era un hombre viejo, pero a veces sentía que había vivido demasiado tiempo (ha pasado demasiado tiempo, Jack). A pesar de todo ello, el vaquero volvió a sonreír levemente, con una dulzura, nostalgia y ternura que muy poca gente ha logrado ver, porque en días claros y hermosos como aquel, cuando el cielo parecía infinito, despejado de toda nube, creía detectar una sombra de espejismo en el firmamento, algo que se iniciaba en dos puntos particularmente celestes y que luego iban dibujando un rostro franco, de gran sonrisa, de sombrero negro y camisa igualmente azulada. Una ilusión de tal belleza que lo lastimaba a veces, empañándole la mirada. El hombre adivinaba la imagen de Jack Twist contra el firmamento, joven y alegre, vital y hermoso, de la misma manera en que podía detectar la forma del pez que se desliza bajo la superficie del agua.

 

   Esos momentos eran los más maravillosos y duros en la vida de aquel hombre, porque el tiempo se detenía lentamente, casi sin notarlo, y luego comenzaba a retroceder. Diez, veinte, treinta años atrás, y se encontraba con él mismo, joven, lleno de fuerzas, de ganas de vivir, pero temeroso al mismo tiempo de hacerlo, de sentir, de desear lo que creía no estaba bien. Se veía ingresando otra vez, a cuatro patas, avergonzado y suplicante, dentro de una tienda donde se juró no entrar otra vez, pero necesitando ver nuevamente al carajo al que había ofendido horas antes. Y allí estaba él, recostado, esperándolo con una mezcla de esperanza y temor, con su torso joven desnudo y los ojos llenos de estrellas, infinitas, hermosas y brillantes, que lo arrastraban a otros cielos, unos donde deseaba perderse para siempre. Volvía a ver al atractivo joven mirándolo con muda suplica, con entrega, con generosidad y ternura; y revivía el calor, el deseo y el amor que él mismo llegó a sentir en ese momento. Y nuevamente se sumergía en él, en sus brazos, en sus labios, probando la vida, la dulzura, la ternura. Se sumergía en su amor, porque era amor, ahora podía reconocerlo como tal. No era carne, no eran sólo ganas, era el deseo de vivir, corresponder y pertenecer a algo, a alguien, a estar completo por una vez en la vida, acompañado, lejos de la soledad del alma; a pasar días, meses y años así, existiendo a plenitud.

 

   “Basta, Ennis del Mar. Ya no hay tiempo para eso. Ya no hay tiempo para los recuerdos de un viejo”, se dice el hombre. “Ya deberías estar camino al pueblo para atender tus obligaciones”.

 

   Se afeitó apresuradamente, cortándose en la barbilla, y anduvo por la vieja cabaña tropezando con todo lo que se encontró, mientras sujetaba un pañuelo de papel contra la herida y rebuscaba en los cajones la ropa del día. Logró vestirse sin alterar demasiado el orden a su alrededor. Se calzó el viejo sombrero y se medio inspeccionó en un pequeño espejo, sonriendo con cierta burla.

 

   “Estás medio presentable, viejo”, se dijo con una leve sonrisa. “No hay nada peor que un viejo engreído, del Mar, recuérdalo siempre”.

 

   Saliendo de la rústica vivienda escuchó a Ed trastear en el establo, con los caballos.

 

   -Hey, Ed, bajo al pueblo por comida. ¿Necesitas algo?

 

   -¿Qué tal un beso? –le respondieron.

 

   Ennis del Mar se sorprendió, como siempre le ocurría, al verlo aparecer sonriente, mirándolo con ese afecto entre tímido y cargado de adoración. Al hombre le costaba comprender que después de tantos años juntos, Ed mantuviera esa misma mirada enamorada de la primera vez que se conocieron, esa noche en aquella taberna. Recuerda que en ese momento apenas se sostenía de pie frente a la barra y peleaba con el maldito cantinero que se negaba a servirle otra cerveza, tal vez al verlo tan tambaleante y sabiendo que vivía retirado. Y solo. Todos sabían que era el hombre que vivía solo, y aunque se comentara de tarde en tarde, nadie se metía en eso. Y mientras discutía por su trago, por su derecho constitucional a morir bebiendo, no reparó en Ed hasta que este le preguntó su nombre por tercera vez, con la misma sonrisa, los mismos ojos grises y el mismo cabello rubio de ahora, años después, aunque más ralo.

 

   -Ennis. –había balbuceado él, respondiéndole esa noche, enfocando el rostro del otro a duras penas a través de los vapores del alcohol, su único viejo y leal amigo de años y años.- Ennis del mar. –y al decirlo la voz le tembló y su mirada se nubló, porque el recuerdo de una situación parecida vivida muchos años atrás fue como un latigazo en una herida abierta (Jack, Jack), tanto que lo hizo contraerse involuntariamente, jadeando leve, con tanta fuerza que tuvo que cubrirse el rostro con los dedos, quizás creyendo que la oscuridad sería su aliada y aliviaría un poco ese terrible dolor. El viejo dolor que nunca se iba.

 

   -Ennis del mar. –oyó repetir entonces al desconocido, con voz grave y suave.- Parece el nombre de un personaje de leyenda, ¿no? –y el hombre, con la mirada desencajada, lo miró, largamente, y el atractivo joven comprendió que una batalla terrible se libraba dentro del otro.

 

   Aquella noche Ennis no pudo responderle nada, como no fuera desviar la mirada y atrapar su botella de cerveza con fuerza, buscando equilibrio y apoyo para no caer bajo el peso del dolor. No le habló, ni ninguna de las muchas otras noches cuando ese joven parecía buscarlo. Él no deseaba la cercanía de nadie, no esperaba a nadie. Ya no esperaba nada de la vida. Un día tocó las puertas del Cielo con sus manos, ahora lo sabía, había tocado la eternidad y la felicidad, y lo había dejado ir todo; ya no tenía derecho a nada, lo que iba a dársele, se le entregó y él lo había jodido. No puede evitar sonreír con dolor, con una tristeza infinita al reconocer su falta, ¡todo había sido su culpa! y ahora sólo quedaba la penitencia. Ya no estaba Jack para darle la absolución, como un día, muchos años atrás cuando lo ofendió pero luego tuvo que ir a él, buscando sus brazos, su calor, su amor, encontrándolo todo. Ahora había tocado fondo y ya no podía hacer otra cosa sino estar, aleteando como un pez fuera del agua que se asfixia lentamente hasta morir (morir finalmente, como él). No, él no buscaba a ese joven de rostro franco, que le hablaba de su trabajo, de su familia, que le preguntaba qué hacía, dónde vivía, que deseaba saber cosas de él. Ennis no quería oír, no deseaba oír nada más, pero el joven lo miraba y sonreía, y le hablaba.

 

   El hombre nunca estuvo muy seguro del tiempo que transcurrió hasta el momento en que abrió los ojos en medio de la noche y encontró a Ed desnudo, de espaldas, y a él recostado del joven, bajo las mantas en la misma cama. Y fue un shock, ¿qué había hecho? Y se ahogaba, ¿qué había hecho? Para el hombre el mundo se derrumbaba, ¿qué había hecho? Estaba aterrado y quería gritar, agitándose en la cama. Sentir las manos del joven en sus cabellos, acariciándolo mientras le siseaba que tuviera calma, lo angustió todavía más.

 

   -Está bien, Ennis. Todo está bien. No pasa nada malo. Sólo descansa. –le susurró suavemente, y nunca como en ese momento al hombre le pareció que el tiempo había virado, que no era Ed quien estaba ahí, que era otro quien lo calmaba, que lo consolaba por ceder a eso que su piel, su ser y todo él le pedía con desesperación; eran las caricias de otro hombre, la ternura de otro hombre, el amor de otro hombre que de alguna forma, tal vez invocado por la fuerza de sus recuerdos, de su dolor, de su deseo, se había materializado para él, al fin, para traerle paz y consuelo. No eran los brazos de Ed reteniéndolo, eran los del otro, era él, al fin, que se apiadaba de su dolor y volvía.

 

   Ennis del Mar no recodaba nada de lo que había ocurrido hasta ese momento, pero sí recordó que se encogió, aferrándose a Ed y que lloró. Aunque decir llorar era poco. El hombre se derramó sobre el otro como nunca imaginó hacerlo antes (había llorado tres veces en forma terrible en su vida, pero nadie lo había presenciado). El hombre se deshizo en lágrimas. Era difícil que una persona pudiera volcar de una sola vez tanta pasión delirante y no saciada, tanto amor extraviado y extrañado en las noches de una soledad caliente y desesperante, tanta pérdida que vaciaba su alma, tanto dolor que lo marcaba como hierro al rojo vivo cada día de su vida, pero Ennis lo hizo. Se vació, quedo exhausto. Y en medio de las lágrimas llegaron los jadeos ahogados, entre hipos, de un nombre que Ed no entendió bien, de reclamos por una partida, dejándolo solo para siempre para que se muriera en vida, de arrepentimiento por todo lo que no dijo ni hizo. Ennis lloró y lloró por su vida larga, por su vida triste, por su cabaña solitaria donde el viento (traidor y cruel) entraba por la tardes melancólicas, susurrando por los rincones un nombre que le dolía (Jack, Jack). Lloró hasta que comenzó a dolerle respirar, por tantas despedidas sin sentido que él pudo evitar, al bajar de una montaña, al salir de un motel, al rechazarlo al divorciarse de Alma, por la discusión final, cuando se marchó sin volver la mirada. El hombre lloró hasta que le dolió no haberse muerto ya para ir tras él, a buscar en el más allá una sombra, un recuerdo (Dios lo perdonará, porque decían que era todo amor, y si no, que lo condenara junto a él, a su lado el infierno ya no sería infierno, no más que esta vida). El llanto duró hasta que dolió seguir llorando.

 

   -Esta bien, Ennis del Mar, todo estará bien. –continuó diciéndole Ed, en voz baja, sin dejar de cobijarlo y sujetarlo entre sus brazos, sin comprender que esa misma ternura, entrega y preocupación lastimaba más al hombre, porque le recordaba al otro que tanto le había dado, aquel que tanto lo había amado y a quien él adoró de una forma que no entendió hasta mucho después.- Ya todo está bien, créeme. Y sí no, ya lo estará, te lo aseguro. –y la promesa asustaba a Ennis, porque le hacía entrever y albergar esperanzas, con un mundo donde se ilusionaba con dejar las sombras atrás; pero tampoco quería eso, porque le parecía una cobardía (“¡una traición, Ennis!, eso es lo que es, traicionas a Jack Twist”; le gritaba una parte de su mente), así que no quedaba otra que… llorar más, entre jadeos ahogados, mojando al otro con sus lágrimas, saliva y mocos.

 

   Al cuento le falta un pedazo. Eso viene después.

……….

 

   Como dije, no soy particularmente afecto a este cuento, por muy bonito que sea (tal vez mi versión no tanto, pero la otra lo era). Pero, no lo sé, tal vez sea lo justo. No se puede (o no se debería) sufrir toda la vida por un error, una falta, un momento de duda, indecisión o cobardía (aunque rechazar a alguien como Jack Twist es la madre de todos los errores). Se supone que aprendemos de los desatinos, es lo humano, lo digno; creo que a eso le llaman redención. Pero, por mi parte, nada de eso me importa. Considero, firmemente que Ennis del Mar no tiene ningún derecho a olvidar a Jack Twist el personaje más maravilloso que haya visto yo en una película (junto al trío de La Guerra de las Galaxias: Hank, Luke y Leia), ni a buscarle un sustituto.

 

   Sin embargo, Ennis también había amado y sufrido, y el suyo había sido un padecer peor, porque era él quien se negaba a ser feliz, a aceptar el amor, mientras el otro lo brindaba de forma decidida. Y lo decente sería permitirle el derecho a sentir otra vez,  dejarle que viva al fin fuera de su cárcel, de cara al sol, a la gente y la vida, el permitirse amar y dejarse amar. La vida sería terrible si no se tuviera esa oportunidad después de una caída. Aunque por su forma de ser, por sus propias limitaciones, miedos y prejuicios, así como el medio ambiente donde le tocó vivir, imagino que le sería difícil. Nunca es fácil decir ciertas cosas, adoptar ciertas posturas ante la vida y perseverar en ello, por muy simple que lo pinten en películas, libros o en series televisivas. Para un hombre como Ennis, o para cualquier muchacho u hombre en algún pequeño poblado cercado por los que le conocen, y a su familia, jamás le será sencillo acercarse a los suyos, a los hermanos y padres, a los amigos e incluso a los hijos y decirles: soy homosexual. Por ello tantos viven reprimidos, escondidos, escapando de tarde en tarde, ocultándose en la distancia, en las sombras o en otros países. No viviendo en realidad, a la larga.

 

   Leyendo una entrevista de la autora del relato, Annie Proulx, la mujer comentaba una experiencia personal que la impresionó al estar en una de esas cantinas típicas del Wyoming rural. Se fijo en un ranchero de edad madura, con su camisa llamativa, sus botas y sombrero, solitario en la barra, lanzando miradas furtivas, no a las bellas señoritas que mostraban desparpajo y encanto, sino a un grupo de vaqueros jóvenes que reían, hablaban y bebían. Ella suponía que tal vez recordaba con nostalgias del pasado cuando él mismo era así, o simplemente dejaba escapar en un momento de terrible debilidad, en una vida donde no podía permitírselo nunca, el admirar a esos jóvenes bien parecidos, fornidos y alegres; tal vez recordando un furtivo momento que duró minutos hace muchos años, lo único a lo que un vaquero de edad madura en un ambiente así podía aferrarse para vivir otro día.

 

   Tal vez con mujer e hijos, pero sintiendo que algo muy adentro de él se moría, se amargaba, dejando de sentir, insomne, contemplando el paso de las horas y de su vida, sintiendo pena de él mismo. Y eso me aterra. Por Ennis del Mar, que viviera tanto tiempo, saliendo de vez en cuando a tomar algo, viviendo solo, sin nadie que lo mirara con afecto, que le tocara el hombro, que le sonriera, que le dijera con miradas que lo amaba, compartiendo su cama. Nadie debería pasar por eso. La soledad de Ennis se me hizo más real leyendo esa entrevista, y más dolorosa; porque no podía imaginarlo (y al mismo tiempo sí, cosa más lamentable) admirando a lo lejos a un joven de cabellos negros, gran sonrisa, sintiéndose estremecido ante otra mirada azulada; espiándolo desde una barra sintiéndose idiota, o sucio, soñando entre pasado y presente, y sin que ese tipo lo notara siquiera, o sí, ridiculizándolo. No, tal vez Ennis si merece algo de felicidad. Jack lo entendería…

 

Julio César.

CARGANDO ESE PESO

CARGANDO ESE PESO

   -Lo siento, jefe, hace calor y estos pipotes pesan, me quité la ropa y descansaba un poco…

 

   -No se preocupe, Gutiérrez, ese bulto se ve pesado. ¿Lo ayudo con él?

 

   Si la gente fuera más amable e interesada en el prójimo nos irían mejor, ¿no lo creen?

 

Julio César.

COSA DE COLORES

COSA DE COLORES

   El lugar ideal para estar…

 

   Cuando vi esta fotografía me quedé con la boca abierta, recuerdo que estaba con mi hermano, el menor y le dije: “Mira, Eduardo, qué colores tan bonitos. Este lugar debe ser el más hermoso del mundo”. Mirándome me respondió: “¿Tú ere pendejo, no ves que es una composición? Esos colores no son reales”. Qué desilusión, pensé, y luego, “pero bueno, ¿y qué va a saber este?”. Tal vez los colores fueron reforzaos, pero es posible que semejante lugar exista. Lamentablemente la encontré en un blog de POESIA ECOLOGICA, donde el autor Rubén Sada, no explicó lo de la cromatología, ni dio la ubicación ni el nombre de las montañas. Una pena.

 

   Pero me encanta, ¿saben por qué? Porque tiene detalles (que debieron hablarme de una composición, es verdad) que despiertan la imaginación. El fluir del agua, su belleza y majestad, así como ese cielo nubloso, que habla de cimas increíbles, son casi dolorosamente bellas. Pero un detalle curioso está en la formación rocosa gris, bajo las amarillentas naranja tipo fuego. Si se observa bien es posible visualizar las cabezas y lomos de dos caballos que parecen volver la mirada al escuchar un ruido súbito. Y eso me gustó porque… imaginé a un par de jóvenes vaqueros que un día parte del lugar donde pasaron el verano trabajando, descubriendo cosas sobre sí mismos, buscando ahora otro lugar remoto, otro Edén, donde pedan asentarse sin molestar a nadie.

 

   Ese cielo, ese riachuelo, la vegetación, la nieve… todo es idílico. Es como debería ser un paisaje siempre, y también el mundo. Necesitamos las aguas potables y las maderas para la construcción, pero un paisaje así debería ser prohibido profanarlo o ponerlo en peligro. No sé si alguien lee estas  osas, creo que desde que inicié el blog lo han hecho doce personas, pero si alguien llega a saber el nombre o la ubicación de este lugar, me gustaría que me lo informara, en serio. Lo miro y casi no  puedo dejar de imaginar cosas. Vaya lugar…

 

Julio César.

 

NOTA: Esto lo publiqué en otro blog, uno que terminé hace meses pero al que aún llegan comentarios (no te digo, después de que me cansé y lo cerré, antes no llegaban), y un lector me dio el nombre, la ubicación y la seguridad de que tal lugar es real. Siendo así, deben cuidarlo, conservarlo, protegerlo, por ellos y por todos nosotros. Reproduzco el comentario:

 

Julio, esta fotografía es real, el lugar fotografiado es el parque nacional Torres del Paine, en el sur de mi país, Chile; los colores que aprecias son reales, los atardeceres en esta zona del planeta son muy coloridos y bellísimos, así mismo los del desierto de Atacama. En la página de www.Chile.com se encuentran varias wallpapers y ahí aparecen muchos paisajes similares.


Chau.

Enzo.