Blogia

juliocesarqt

BUEN CINE

BUEN CINE

   ¿Cómo dudar que fuera realmente el Paraíso?

 

   El muchacho está indeciso entre entrar o no a la sala de cine. Había oído críticas muy buenas, demasiado para un tema y trama como aquella, e imaginaba que la película debía ser mala, como esas que generalmente premian con el Oscar y cosas así. No, la verdad era que él esperaba que fuera mala. Que sea muy mala, Dios, se dice Doménico San Martín. Está nervioso mientras se pasea por la entrada del teatro.

 

   La mujer en la taquilla lo mira divertida. Creía entender el dilema del joven, un muchacho que estaría cerca de los dieciocho, guapito en su delgadez y altura, cabello castaño y cara increíblemente amable, casi… vulnerable. Le parece que es de esos de sonrisa fácil. La mujer sabía que muchos jóvenes, sobretodo con confusiones sexuales o sentimentales, deseaban ver la película pero se cortaban todos en la cola. La juventud era bonita, se dice convencida, pero sólo los años daban la paz de la experiencia para moverse con donaire por este valle de lágrimas. Al menos los que crecían y evolucionaban, no para los eternos niños malcriados que vivían culpando a otros de sus fracasos y errores, sin aprender jamás de ellos y condenados para siempre a repetirlos. Tal vez fuera mejor que el joven no entrara, se dice la mujer. El film podía ser duro, sobretodo para gente sensible como parecía ser ese muchacho.

 

   La mujer acertaba sólo en parte; Doménico, Nico para todo el mundo, aunque fue un apodo que no eligió, como no lo hizo con su nombre, era realmente muy joven, sufría de confusiones y era sensible. Demasiado, opinaban algunos, como su padre. Pero el joven no estaba allí por la película en sí. Él deseaba ver un fracaso, algo tan horrible a pesar de las críticas favorables, que le diera la paz, que le dijera no era distinto a otros. Decidiéndose entra, sonriéndole en forma abierta a la mujer de la taquilla que lo atiende con simpatía. No va al baño. No compra cotufas, refresco o caramelos. Entra a la sala, no muy llena, ya que muchos venezolanos morirían antes de dejarse ver haciendo la cola para ver El Secreto de la Montaña (Brokeback Mountain). Va a la última fila, casi junto a un rincón, lejos de todos y espera. El corazón le late con fuerza. Espera odiarla mucho. Todo comienza… y de entrada el solitario y agreste paisaje, así como la música, lo inquietan. Y ese joven se dispone a ver el film, y su mente cubrirá los huecos que la trama deja abiertos para que cada quien los llene con sus deseos e ilusiones, con sus necesidades particulares.

 

   Wyoming se parecía tanto a Texas, que ese joven de diecinueve años por un momento pensó que aún seguía en su terruño mientras atravesaba la carretera en su vieja camioneta. Una vieja, muy vieja, que según decían estuvo al principio de los tiempos. Sabe que lo que le espera será duro, y nada agradable, pero el atractivo tipo de ojos azules y sonrisa perenne, no puede dejar de sentirse optimista. No le gustó mucho ese trabajo el año anterior, como no puede gustarle a nadie, piensa, pero no le tiene miedo. En su alma parecía no caber esos sentimientos. Si había una tarea la hacia y ya. Él era vaquero de rodeos, algo que su padre desaprobaba, recuerda con cierta divertida amargura, pero la verdad era que su padre nunca estaba muy contento con él, y no era por lo del rodeo. Le parecía demasiado soñador. Demasiado ‘todo saldrá bien, papá’. Su padre no podía ser así. El mundo estaba cambiando, todos los valores con los que él había crecido iban desapareciendo, algunos se aferraban al pasado, otros miraban inquieto lo que venía, y un joven como él, sentía expectativas, la vida no tenía que ser siempre como había sido, sólo porque así fue siempre. Menos de dos décadas atrás los hombres de ese país habían cruzado el océano para librar la gran batalla contra la oscuridad y maldad del nazismo. Pero ese mundo terminaba; lo que debía ser de lo que era iba dejando de ser una barrera infranqueable que muchos aún no sabían cómo enfrentar.

 

   Oh si, Jack Twist tiene planes, se dice con determinación. Ganaría algo de dinero e iría a todas las ferias y rodeos que se anunciaran, y ganaría más. Un día tendría su propio rancho, una mujer e hijos, se dice repitiendo palabras de su padre. Ahí estaba la estación, y al detenerse repara en otra figura. Un tipo de mirada baja, que fumaba con el sombrero casi sobre la nariz. Tenía aire de peón de estancia, se dice Jack, divertido. Fue cuando ese hombre levantó la mirada, fugaz, bajándola pronto, como avergonzado de haber sido sorprendido atisbando, que el corazón de Jack latió más de prisa luego de pasar tres segundos detenido, haciéndolo estremecerse levemente. La sensación de vértigo y calor que corrió por sus venas era extraña. El joven no puede evitar una sonrisa leve, de nervios, de excitación ante lo nuevo; no entiende ese sobresalto embriagador que lo llena de ganas de estar allí, pero entendía que tenía algo que ver con el rudo y hosco joven de pie frente a él.

 

   Más tarde sabría que ese tipo se llamaba Ennis del Mar (y en su mente repetirá ese nombre una y otra vez, saboreándolo, sin imaginar que pasaría los próximos veinte años de su vida repitiéndoselo para encontrar ratos de felicidad y escapar de la soledad), que trabajó en una hacienda hasta que los hermanos se casaron y ya no hubo lugar para él. Supo que era tosco, cerrado e increíblemente tímido. Y cada nuevo dato era atesorado por Jack, quien no podía dejar de pensar en él en esa montaña, mientras come a su lado, mientras lava su ropa en las frías aguas del río o se tiende sobre la grama, de noche y contempla las estrellas que ahora le parecen más hermosas. Tal vez porque ahora tenía un motivo para perderse y soñar en sus luces frías y fantasmales. Cerrar los ojos era conjurar una imagen recia, callada y tosca, que iba a su lado, decidido…

 

   Ahora comparten las montañas y ese cielo inmenso, uno tan grande que puede cobijar a un tal Jack Twist, un vaquero de rodeo, joven y fuerte, parlanchín, alegremente fanfarrón, simpático y abierto, que se siente extrañamente vivo y feliz en las frías cumbres. Es un hombre que imagina, a veces, poder alzar las manos y alcanzar ese cielo; y quien, al fumar y beber por las noches, mira a Ennis del Mar. Y la mirada de Jack era distante, perdida, hermosa, con una luz que a veces turbaba al otro, quien no podía dejar de reconocer para sus adentros que eran ojos atrayentes. Ahora Jack pensaba en su vida, en lo que fue antes de llegar ahí (antes de conocer a ese tipo callado y tosco), y en lo que podía ser hasta el fin de sus días fuera de ese lugar; y ya no era feliz. Los dos hombres hablaban. Tomaban whisky y hablaban más, y Jack lo miraba a veces si poder contenerse, asustado de lo que siente, porque ahora imagina vainas nuevas, como el qué sentiría recorriendo con el dorso de su mano la mejilla del peón, acariciándolo como Dios manda, o mirarse en sus ojos evasivos, al estar frente a él, tan cerca uno del otro que sintieran sus alientos. Lo piensa y se siente ahogado, embargado de un deseo inmenso que no entiende, por lo que tenía que beber, o saltar locamente, gritando como un vaquero de comiquitas, para escapar de su embelezo y de las ganas que quieren salírsele por ojos y boca.

 

   Y Ennis notaba esas miradas, confuso, negándose a sentir, pero perdiéndose por momentos en esas pupilas que iluminan de azulada luz un paraje por el que no sólo no puede transitar, sino que hasta estaba prohibido pensar en él. No hay palabras. Sólo hay miradas que van y vienen cuando están seguro de que el otro no presta atención. Y Ennis habla de su novia de toda la vida, y mira a Jack, como queriéndose convencer de que todo estaba bien por ese lado. Llega la noche, llega el frío. Llega el licor que baja las defensas y desinhibe la conciencia. Y Jack llama a Ennis para que entre a la tienda o se morirá de frío. Y el otro lo hace casi arrastrándose, cayendo a su lado, dormido en seguida.

 

   Jack dormita, pero no está tranquilo. Sueña su vida, la pobreza, la estrechez, las privaciones, el oír de niños amados por sus padres. Sueña con cosas que no tiene, que no tuvo, que sabe que no tendrá; una vida que se repite hasta el infinito, y no es feliz. Algo falta. Algo no estaba bien. Era un tipo joven, lleno de ganas de vivir y no estaba bien, algo estaba muy mal. Faltaba calor, faltaba cariño. Y ahora una imagen aparece en sus sueños, es Ennis, a su lado; y Ennis lo toca, y no parece Ennis, porque sonríe, y dice que debe afeitarse, y le recorre la barbilla con el dorso de una mano mientras su mirada atrapa la suya; y dice que no le gusta con barba, y sonríe más. Y Jack lo ama, y Jack se excita. Despierta, angustiado por el deseo, sintiendo que se quema, que se muere de las ganas que tiene. Percibe el olor de Ennis, oye su respiración y casi grita de frustración. Y se decide, porque es un carajo valiente, del tipo que le dice a esa persona de la que no está seguro, te amo, y a veces triunfaba, a veces sólo sufría. Pero que se arriesgaba y vivía.

 

   Jack cruza un brazo y atrapa una mano de Ennis, halándolo sobre sí. Siente su aliento en la nuca. Siente el calor de su cuerpo a sus espaldas. Pero no es suficiente. Cerrando los ojos lleva esa mano a su entrepierna, aprieta, suelta y aprieta otra vez, y casi se muerde los labios para no gemir. Y Ennis despierta, se sienta, alejándose, pero Jack también se incorpora y lo encara, intenta tocarlo, intenta acercársele, frota su frente de la suya y le dice con todo su ser que lo quiere, que lo quiere en ese momento y ahí mismo y que si no le hace el amor, morirá. Y a Ennis le sube la temperatura, la piel le arde, la sangre le corre con violencia. Siente un despertar doloroso de su virilidad y se dice que no es nada, que es carne, que es deseo, y con brusquedad cae sobre Jack, como un poseso, con la urgencia de las ganas. Con rudeza se mueve al bajarle el pantalón y untar con su propia saliva, y no siente asco ni reparos mientras lubrica y toca, está más allá de todo en esos momentos. Lo posee con fuerza, casi brutal, porque tiene que hacerlo, porque la carne le duele de ganas, pero también de rabia por tener que ceder. No era nada, intenta pensar mientras se sumerge en el otro, casi jadeando por el alivio que siente dentro de sí, en su mente, casi en el espíritu. Pero seguía ardiendo, seguía quemándose…

 

   Al día siguiente llega el ratón moral, y Ennis casi tiene que huir, sintiéndose mal consigo mismo, pero sobretodo con Jack... Lo que hizo fue sucio. Había sido algo malo, un pecado al que había cedido por debilidad de la carne. Dos hombres no podían hacer esas cosas. ¡Estaba mal! Todo lo que era su vida, lo que fue y lo que planeaba ser, incluida su novia, estaba en colisión con eso que había pasado con ese hombre, con Jack, ¡con Jack!, como no se cansaba de repetir ese nombre su mente. Se aleja aunque ve al amante salir de la tienda, se aleja porque tiene que poner distancia, y no mira todo el dolor que su rechazo causa al otro, cuyos ojos lo siguen, con una mirada que lo dice todo, con sufrimiento, con abandono. Para Ennis la cosa había sido terrible, había tenido sexo con otro hombre; para Jack había sido una revelación, algo que antes no encajaba ahora tenía explicación. Para él lo terrible era la marcha de Ennis, su silencio, su hosquedad, porque esa noche no le había entregado sólo su virginidad a ese tipo, algo que pudo intentar antes, y que nunca había considerado siquiera, hasta que ese vaquero de mirada ruda se había cruzado en su camino, ordenado quién sabe por qué designio. No, no era sólo su santidad lo que le había regalado, sino su vida, aunque no se había dado cuenta exactamente en ese momento. No le dio sólo el culo, le entregó todo lo que era, y el otro pareció no notarlo; peor, no importarle.

 

   Ennis regresó hosco al campamento, y a Jack. Le dijo claramente que no era ningún marica. Con su voz, con su tono, con su lenguaje corporal intenso, le dio a entender claramente que lo culpaba de todo, de haberlo enredado en toda esa cochinada. Y Jack lo escuchó mirando hacia el valle, con rostro aparentemente imperturbable, y como millones antes que él en su situación, le dolió oírlo. Quería rebatirle, discutir, tal vez decirle que también él había participado de forma entusiasta cuando lo acariciaba y buscaba más de su persona, pero calló. Porque entendía que Ennis estaba mal. Ennis sufría al enfrentar algo que le horrorizaba, el toque del marica, y por eso lo lastimaba, porque en verdad se lastimaba a sí mismo, como castigo. Uno parecía ya aceptar un destino, el otro aún batallaba. Ennis se estaba flagelando de forma terrible e inmisericorde, sin darse cuenta de que también lastimaba al otro, lo que a lo largo de su vida será su maldición, herir a quienes amaba, y quienes lo amaban a él. Por eso Jack soporta, porque entiende.

 

   La noche llega, y Ennis sentado al calor de la fogata, mira las llamas, sombrío, sintiéndose lleno de una amarga determinación. No mira hacia la tienda de campaña, donde Jack se despoja de la camisa y tiende una cama, acostándose. Ennis siente que se muere aunque su rostro parece de madera. Piensa en Jack... Una y otra vez piensa en él, en su mirada anhelante y franca, en su boca roja que se abría al gemir o al pegarla de su piel, en sus ojos azules. Recuerda su piel, lo que sentía al recorrerla con sus manos, su calor, su aroma fuerte y vital, y le cuesta respirar de lo mucho que lo extraña. Pero no, era un hombre. Jack era un hombre y él también. Eso estaba mal. Mira del suelo a la tienda y sabe que el otro estaba allí. Esperándolo. Lo sabe aunque ignora cómo. Jack lo esperaba, con esa invitación sin palabras en sus ojos, con esa alegría que lo hace brillar y verse (se estremece) hermoso, una fuerza y una energía de la que él carecía. El corazón le palpita, la sangre corre por sus venas y siente que se muere por ir, por tocarlo, por recorre su espalda, por acariciar su rostro y convencerse de que era tan excitante y maravilloso como ahora creía recordar. Lo acusó de sucio, de marica, y ahora siente dolor. ¡Había lastimado a Jack! ¡Lo había herido para sentirse mejor consigo mismo!

 

   Se pone de pie, tembloroso, la cara le arde de vergüenza, pero es que ya no aguanta más. ¡Lo necesitaba demasiado! Se dijo que no pasaría otra vez, pero debía ver a Jack... Verificar que aún estaba ahí. Quiere comprobar lo que verá en su mirada, sí habría resentimiento, o la invitación a tenerlo nuevamente. Sufre, ya que una parte de su mente le grita que era un pervertido, la peor clase de degenerado, el marica despreciable que sólo debía recibir burlas, asco y puñetazos; pero otra parte de sí, necesita decirle a Jack que lo siente. Al menos en parte, porque lo que en verdad quiere es estar junto a él, rodearlo con sus brazos, tocarlo y sumergirse en su piel. Desea que Jack se entregue una vez más, sin palabras, sin mimos, como la noche anterior, entre jadeos, gruñidos y brazos que apretaban y manos que acariciaban. El trecho de la hoguera a la carpa es corto, pero se le hace eterno al caminar gacho, sombrero en mano, lleno de culpa, de deseo, pero también de pesar por ofender al otro. Su rostro es el del penitente, el del hombre que va por absolución, una que sólo Jack podría darle. O no.

 

   Recostado, Jack aguarda. Espera a que todo pase, o a que no ocurra nada. Espera para vivir otra vez, sintiéndose amado por Ennis, o se prepara para la agonía. Se sorprende al comprender cuánto depende de ese tipo ya. El miedo a que no vaya, grande y pesado, tanto que le provoca espasmos en el estómago y calambres por todo el cuerpo, no logra que olvide el momento anterior, cuando por primera vez estuvieron unidos y alcanzó la gloria. En ese corto y eterno instante, se sintió completo, protegido, como bañado por un cálido rayo de sol de bienestar, tanto que no sabe si lloró como un niño o sólo lo imaginó. Se sintió vivo y feliz como no recordaba otro momento en toda su vida. Espera a vivir o a vegetar, recostado, viéndose hermoso en su angustia, hasta que su mirada repara en Ennis de pie en la entrada, sombrero en mano. Rápidamente queda sentado y Ennis cae de rodillas, como derrotado, evitando mirarlo, susurrando un ronco: perdóname.

 

   Y allí Ennis del Mar comete el más grande error de toda su vida, medio mira a Jack y nota la mirada intensa, grande y totalmente enamorada de ese otro carajo, que lo ve con adoración. Ennis lee en aquella mirada que Jack lo perdona porque lo ama, ya lo ama, no sabe cómo le pasó, le dice Jack sin palabras, pero ya lo ama más que a su propia vida. Pero Jack no necesita decir nada, ni oírle decir nada a él. Casi siseándole para que calle, para que no sufra explicándose, le acuna el rostro con sus manos y lo besa, queriendo borrar el sufrimiento que ve en Ennis, el Ennis que nació y  creció en un mundo duro donde fue amado tan poco por quienes debieron adorarlo. No hay palabras, y esas lagunas podrían ser llenadas por los deseos de cada quien, quien imaginaría lo que quisiera; como el muchacho de mirada embelesada sentado en una oscura sala de cine.

 

   -Jack… Jack…

 

   -Ennis, estás aquí. Volviste…

 

   -Perdóname, perdóname, Jack, por herirte, por llamarte marica y culparte de todo. Perdóname por tratarte así.

 

   -No, no tienes que decir nada. Ya todo está olvidado. Sé que estabas molesto por lo que pasó, por esto que nos pasó.

 

   -Te lastimé, y eso me dolió a mí también.

 

   -Me dolió más el verte partir, molesto conmigo, sin volver la mirada, alejándote como si no notaras que me llevabas contigo; desde el momento en que fui tuyo todo lo que soy te pertenece, incluso mi vida.

 

   -No quería venir, pero necesitaba sentirte, tu olor, tu sabor; estando aquí, junto a ti estoy bien, como si nada faltara, como si todo estuviera finalmente en su lugar.

 

   -Ennis, desde que te vi entendí que algo estaba mal en mi vida, que había un vacío oscuro que estaba allí y jamás lo había notado, pero que me asustaba. Pero ahora tú brillas en esa oscuridad y la acabas.

 

   -Nunca debí venir, nunca debí conocerte, maldita sea, Jack...

 

   -Gracias a Dios que lo hiciste, porque ahora eres mi todo.

 

   Se besan, y ninguna de esas palabras se pronuncian, y Jack cae de espaldas, y Ennis se abraza a su torso, como incapaz de mirarlo, sólo frotándose de él, elevando una mano y acariciando el rostro de Jack, un rostro que se le vuelve el suyo, el más importante de todo el mundo. Y siente ganas de escapar, de llorar, pero no es nada comparado con las ganas de besarlo y se fundirse en su carne, por lo que cuando Jack gira sobre él, besándolo, tomando la iniciativa una vez más, cede y se deja llevar por esa corriente de deseo que lo vitaliza, haciéndolo sentir completo y en paz, sometiéndose al otro cuerpo, firme, pesado, caliente. Se besan sin palabras, se entienden sin mimos o arrumacos, porque son hombres toscos no acostumbrados a la ternura, y menos al cariño entre carajos. Pero las manos cumplen, las bocas también. Los cuerpos responden y lo demás lo llena esa sensación interna que hace que uno desee tanto al otro, a tal punto de que no parece haber forma de calmar todas esas ganas.

 

   La noche es cómplice de los amantes que exploran sus cuerpos, sus deseos, que lamen, besan y muerden entre jadeos. Y el cielo los cobija, brillante de hermosas estrellas que fulguran con mayor fuerza, entendiendo, tal vez, como toda la Creación que lo mejor que se podía hacer, ahora o siempre, era eso, entregarse a la fuerza de lo que se anhelaba. A lo que se amaba. Jack y Ennis se aman con desesperación, tal vez temiendo al mañana, al tiempo que ya corre en contra de ellos, a la vida. Mientras Ennis lo muerde en un hombro, incapaz de controlarse, saboreando su piel, goza y sufre, porque entrevé un día sin Jack, toda una existencia sin él, sin eso que ahora viven. Pero por esa noche se tienen uno al otro y no falta nada más. Todo sobra. Sin embargo, mientras jadea entre los brazos de Ennis, de placer, ahogando un ‘te quiero’, Jack siente deseos de llorar, temiendo que una estación termine y deban abandonar la montaña; pero aquello no podía ser el final, lo que Ennis y él tenían era grande, y Ennis buscaría una solución. Lucharían por lo que tenían ahora.

 

   Pero se separarían porque, aunque Jack estaba decidido a enfrentar y defender lo que sentía, su amor por ese otro tipo, confiado en el éxito que le hacía creer su juventud; Ennis no estaba dispuesto. Para él todo eso había sido algo físico, sexo, algo que había pasado en la montaña. Pero le bastó ver como Jack se alejaba para sentir todo el dolor e impacto de la separación, tanto que creyó morir. Los cuatro años siguientes, hasta el reencuentro, Jack viviría en medio de sobresaltos, con mujer e hijo, pero extrañando y amando al hombre al que una noche se entregó. Él estaba claro, lo deseaba, lo quería, lo amaba y su vida era incompleta otra vez. Nuevamente faltaba eso, su centro, su vida. Para Ennis la cosa fue más difícil, ya que su naturaleza hosca y cerrada le impedía sonreír, o soñar alguna vez con su Jack... Casado y con hijas, no encuentra consuelo, cosa que lo aleja de su familia, de tener amigos y conocidos.

 

   Él no puede ser como Jack, quien admite para sí su homosexualidad y juega al coqueteo en un rodeo. Él no era así, él era un hombre que se había enamorado de otro hombre. Para bien y para mal, y ahora entendía cuánto necesitaba a ese carajo. Por eso al verlo nuevamente, al pies de esas escaleras, estuvo a punto de reír, casi le grito ‘estás aquí’. Corrió, conteniéndose, notando la mirada aún esperanzada y tal vez temerosa de un rechazo de Jack, y tuvo que caer en sus brazos, apretándolo, sintiendo su olor, su calor, ese cuerpo que había extrañado tanto; asustándose de comprobar cuánto había deseado eso, tenerlo así, a su alcance, a su Jack, la única cosa o persona que había llenado su vida en verdad.

 

  Hora y media después, todo termina y Doménico siente que quiere morirse. De pesar. Por Jack, por Ennis. A Jack lo ama, de forma clara, total, sin meditarlo un segundo; por Ennis siente un terrible pesar, ¡pobre idiota!, tantas veces arañó el cielo y lo dejó escapar en lugar de aferrarlo con fuerza. No quiere mirar a nadie porque sabe que lloró un poco y la gente lo notará. Le molestó que algunos rieran y rechiflaran cuando los dos hombres comenzaron a acercarse. Pero eso había terminado hacia la mitad de la película. Era tan real, tan cargada de sentimientos que era imposible no amarla, y aún aquellos que hacían bromas y burlas, tuvieron que silenciar sus voces insolentes. Ese amor había sido demasiado claro, y fuera de los miedos y egoísmos de los protagonistas, cosa de gente común, todos en la sala entendían que risitas, burlas y rechiflas podían conducir a dos seres humanos como esos, tan maravillosos y hermosos, que tanto se querían, a ese infierno de dolor por miedo al prejuicio, al qué dirán, a la burla o a la persecución.

 

   El joven se dice que la historia debió terminar en esa carpa, donde Jack y Ennis, contraviniendo toda la historia, decidían quedarse para siempre, acariciándose cada mañana, diciéndose que se amaban a cada hora, dejando el amor para las noches, cuando finalmente, ahíto de tanto quererlo y repetir su nombre, Ennis dormiría con una sonrisa en los labios, abrazado a su Jack. O debió terminar con el reencuentro cuatro años después. Ennis debió entender que el vacío que había en su vida y que no lo dejaba ser feliz, y que nunca lo dejaría, como tampoco haría feliz a su mujer, esa bonita y dulce Alma, sólo podía ser llenado por Jack, por ese hombre que vez tras vez, encuentro tras encuentro, le gritó de todas las formas posible que lo amaba y que ya no podía seguir viviendo sin tenerlo para siempre a su lado.

 

   Que distinto hubiera sido si Ennis cediera y entendiera, y escaparan a un rancho, a otro lugar y aceptara que dijeran lo que dijeran, sólo así lograría la paz y la dicha. Y ver la historia hasta el final le imposibilitaba imaginar que sí, que en un trailer, por cualquier rincón de Texas o Wyoming, dos hombres compartían un trailer, una cama, una mesa y una vida, ya viejos, pero no ridículos ni patéticos, porque se habían amado mucho y aún se querían, y uno miraba al otro joven y delgado, de cabellos amarillentos; y este vería en el otro al atractivo moreno de ojos azueles que fue en su juventud. Pero era sólo una película, maldita sea, le cuesta reconocer con dolor, sintiendo el ardor en los ojos otra vez. Era una obra de arte, pero ya elaborada. Ennis no iba a mandarlo todo al coño para fugarse con Jack, amándolo hasta el final de sus días. Ni Jack iba a aparecer a lomo de caballo, con su sombrero negro calado hasta los ojos, frente a la cantina donde comía Ennis, gritándole que lo amaba y llevándoselo, como en la película Reto al Destino.

 

   Sabe que es una locura, una tontería, pero imagina lo que pudo haber pasado si Ennis, al pie de aquella escalera mientras aún retenía a Jack contra sí, con el calor de su pasión, con la necesidad de tenerlo cerca, le hubiera dicho que esperara, que recogería algo de ropa y desaparecerían en la nada, lo abandonaría todo, y que Dios, las familias, la vida y los hijos los perdonaran después, pero que ya no soportaba seguir levantándose, comiendo y durmiendo como un autómata. Que necesitaba sentirse vivo otra vez, como en Brokeback Mountain, cuando sus bocas se unían, cuando podía beber su aliento y saliva, cuando podía tener su cuerpo y mirar en sus ojos el amor, la ternura y todo lo que necesitaba para estar completo otra vez. Pero Ennis tuvo miedo, de sí y de los demás. Y mientras se aleja del cine, perdido, como en medio de nubes, en una montaña alta de donde sabía que le costaría bajar, Nico lamenta todo ese dolor que a él le pareció innecesario. Esos dos pudieron ser felices.

 

   Pero Ennis dudó, como duda tanta gente a lo largo de su vida. ¡Dudas! Había gente que vivía atormentada por dudas e incertidumbres. Había quienes sentían que el día a día era una batalla, que la plaza que no se luchaba dejándola abandonada hoy, por cobardía personal, por pereza o indiferencia, mañana podría ser llorada amargamente, porque la felicidad, o simplemente la paz, no se terminaba de conseguir. Pero la mayoría no era así. La vida es grave, la vida es seria, eso había leído el joven en una historia de Agastha Christie. Hay quienes sostienen que nacemos llorando porque ya comenzamos a morir, porque la vida nunca alcanza. Nico no se engañaba, sabía que los años robaban la juventud, las fuerzas, las ganas, la lozanía de la piel, y entonces sólo quedaría lo que se vivió; y se estremece, y parpadea rápidamente, al imaginar a un viejo Ennis del Mar, arrugado, esperando que la muerte llegara al fin, como una liberación que le llevaría paz, de noche en una silla recostada en dos patas contra su fea vivienda, con la mirada perdida en el cielo estrellado y en el ayer, viendo a Jack a la rojiza luz de una hoguera, esperándolo eternamente con un amor y una entrega infinita; ¡pobre imbécil que había dejado pasar el tren de su felicidad! ¿Nadie le dijo que este no pasaba dos veces por el mismo punto?

 

   El joven esperaba, que si realmente había un Paraíso, fuera un lugar donde estuvieran todos los que fueron importante en tu vida, aquellos a quienes extrañas o los que deseas jamás dejar de ver. Uno donde un tal Jack Twist estaba esperando a Ennis, en una eterna primavera de juventud y belleza. Pero ¿y si no era así contra toda esperanza? Ahora preferiría no haber visto el film, se dice Nico, deprimido, botando aire a la noche, viendo a la gente reír, hablando amigablemente, caminando de un lugar a otro, sintiéndose extrañamente desconectado. ¿Por qué? ¿Por qué se sentía así, como fuera del mundo? ¿Por la película? Era posible. Seguramente la mujer que veía más adelante, de mediana edad, con esos tres muchachos que gritaban tanto, si se sentara a ver la película, pensaría en otra vida, en algo que no dijo o no hizo y que pudo hacer una diferencia. La gente buscaba la felicidad, o creía hacerlo, encerrándose en un modelo de vida, lo que quiere tener y lo que puede conseguir, estrellándose contra una realidad terrible. Como la maestra que asistía todo los días a su salón, a cumplir, pero que no ve a ninguno de sus alumnos interesados. O el médico oncólogo que lucha contra el cáncer a brazo partido, para salir y encontrarse al paciente fumando. Era una sensación de vacío. De futilidad. De dejación. Y él también lo padecía.

 

   Pero no quiere dejarse ganar por la depresión, su mente insiste en volver a la tienda de campaña donde Jack aguarda en una espera eterna por Ennis, a esa entrega, a ese amor que brillaba en sus pupilas (¿acaso esos dos actores…?), a esa necesidad del uno por el otro. Su mente vaga hacia el reencuentro, al beso de Ennis, temeroso aún de ser visto, pero tan urgido que vence toda su reticencia, sus prejuicios, su homofobia, para saborear nuevamente a su Jack, al Jack que tanta falta le hacía y que bajo su boca, casi parecía temblar y medio lloriquear como un niño al que le abren la puerta de la casa luego de estar afuera en la oscuridad, con miedo. Su mente vuelve a esos dos momentos, y desea amar. Desea ser amado así. Quiere que lo amen de esa forma. No quiere ser Ennis, aunque tenía mucho de él. Quisiera ser Jack, el claro, el directo, el que amaba y buscaba amor. Él quiere ser Jack, el bonito, el de los ojos enormes y azules que enamoraban, el bueno… O quiere encontrarse con un Jack... Alguien para él, alguien a quien nunca dejaría escapar. En el fondo deseaba lo que querrían todos, aunque a su corta edad creía ser el primero en entenderlo.

 

Julio César.

ASPIRACIONES

ASPIRACIONES

   -Vaya, ahí está ese vaquero, hoy no se escapa a su trailer sin que le hable… Aunque no sé, ¿será que no le agrado? Tal vez le caigo mal, imagino que no le gustaré a todo el mundo.

 

   ¿Será?

 

Julio César.

ZAPE CON LA SACAROSA

ZAPE CON LA SACAROSA

   Por razones que no vienen al cuento, pero que pueden resumirse en muchas salidas con buena mesa, mejor bebida y poco ejercicio, me he visto obligado a enfrentar la dura realidad… sigo creciendo. Técnicamente ya no estoy en edad de continuar el crecimiento óseo, se trata más bien del otro, de ese que te hace sudar por más de un motivo a la hora de salir a la calle, y compruebas que pasas de un pantalón a otro sintiéndote presionado por la realidad. Cuando no imposibilitado de entrar en ella. Odio hacer dientas (Dios, qué sufrimiento), mi único ejercicio, fuera de nadar todo lo que pueda en el mar, cosa que me encanta, es la bicicleta, pero no es tan fácil como parece subir en ella en una ciudad como Caracas, o cuando se está falto de ánimos. Uno vive para trabajar, de pasar el ajetreo de las colas, el tráfico, las llegadas ajustadas de horario. Uno termina sin fuerzas, agotado, y si bajas la mirada y notas la panza que comienza a asomarse, se completa el cuadro.

 

   Como dije, odio las dietas, por lo que pensé en poner en práctica las viejas mañas que me enseñó una amiga con la que…, (dejemos eso así), y comencé a comer manzanas, sustituir pastas y panes con arroz, consumir cantidades grandes de cotufas, que engañan el hambre y dejan la panza llena pero aparentemente no engordan, y… casi nada más. Odio comer sancochado (eso no es comer), los vegetales los miro con suspicacia (eso come la vaca antes de que la comamos a ella, por lo que la vaca sí tiene la culpa), por lo que intento reducir lo dulce. Fue cuando, como suele ocurrir, encontré un articulo al respecto. Sabrán que Alicia, una amiga, me hacía consumir esa basurita, aunque era dulce en verdad.

 

   La columna es de Eduardo Riveros, articulista bajo el nombre de La Arrechera Cotidiana, en EL NUEVO PAÍS, aquí va:

 

   Ya no hay seriedad. No me refiero al Gobierno, que nunca la tuvo. Sino a la Sacarina que, ahora, se descubrió que en lugar de ayudar a adelgazar, engorda. O sea que esas cajitas que llevaban las señoras y algunos caballeros y que dispensaban las grageas de esa pócima milagrosa, no sirve para nada. Repito, no estoy hablando del régimen chavista. Y los estudios que científicos norteamericanos hicieron en ratones, demuestran la nulidad de todos los edulcorantes. El cuerpo, explican, se siente desorientado y en lugar de adelgazar aumenta la grasa. Ellos comprobaron que los animales alimentados con azucares artificiales ganaron más peso, manteca, y calorías que los nutridos con glucosa, que es un azúcar natural.

 

   El problema es que la Sacarina se viene consumiendo desde hace añales. Fue descubierta en 1879 por Iza Remsen y Constantine Fahlburg. Un año antes había sido sintetizada; proviene de restos de cerdos o de un derivado de carbón mineral. Es vario cientos de veces más dulce que la glucosa. Inicialmente se usó en medicina cuando el consumo de azúcar estaba contraindicado. Posteriormente fue llevado a los productos de pastelería, bebidas, yogures y elaboraciones para diabéticos. Finalmente llegó como panacea en las campañas contra la obesidad. Empero, desde sus comienzos fue atacada; primero por la competencia que le hacía al azúcar y luego, años 70, por provocar cáncer en la vejiga en los roedores. Esto se debe a la alta cantidad de sodio que contiene la Sacarina.

 

   Estos riesgos, que no se comprobaron en humanos, determinaron que, por ejemplo en Canadá, el uso de la Sacarina esté prohibido. En los Estados Unidos se trató de llegar a lo mismo, 1977, pero no prosperó en parte por las campañas de las empresas afectadas y por grupos de diabéticos que defendían su consumo. Sólo se advierte su presencia en las etiquetas de los artículos que la contienen. Esto me recuerda un chiste aparecido en el New Yorker. Conversaban dos hombres de las cavernas y uno dice: “Algo anda mal; nuestro aire es limpio, el agua pura, hacemos un montón de ejercicios, comemos alimentos orgánicos, no contaminamos, y sin embargo nuestro promedio de vida no pasa de los 30 años”. Nada que hacer. Así es la rutina humana.

……

 

   ¡Vaya con la Sacarina! Uno casi podría perdonarle que, contrario a lo que prometía y pregonaba (como una mala amante), no ayude a adelgazar sino a juntar grasita; después de todo no “introducía” azúcar al organismo, lo que es bueno en verdad para los diabéticos; pero lo del cáncer de vejiga… hummm, eso no es tan fácil de dejarlo pasar. Y pensar que también yo consumí esa porquería llevado por modas tontas. Es como dice mi señora madre: No quieres engordar, cierra el pico.

 

Julio César.

COMPENSACIONES

COMPENSACIONES

   -Le juro, señor gerente, que el dinero de la cuenta por el cuarto de hotel se me cayó por aquí.

 

   -No se preocupe, amigo, siga buscando todo el tiempo que sea necesario. Si necesita una mano… -se ofrece amable el otro.

 

Julio César.

EL GUASÓN, EL VERDADERO SEÑOR OSCURO

EL GUASÓN, EL VERDADERO SEÑOR OSCURO

   Hace una semana, justamente el sábado pasado, fui por fin a ver BATMAN, THE DARK NIGHT. Estuve esperando que pasara la avalancha, pero esta amenaza con continuar por un tiempo más. Además, había dos peligros muy reales que podían arruinarme la excursión, que leyendo reseñas me enterara de más cosas de las que convenía, o que algún amigo se fuera de la lengua diciéndome lo que no quería saber. Aparentemente todo el mundo conocido la ha visto ya; entre sonrisas de sorpresa se decían, frente a mí, “pero ¿no fue increíble? Dios, qué malvado era el Guasón, era un loco terrible”. Y les picaba realmente la lengua por contarme cosas. Sabía que no tardarían en hablar como si yo no estuviera presente por más que les gruñera que callaran. Por eso fui ese sábado, aunque cometí un error: dije que iría.

 

   Muchos se anotaron para volver a verla, cosa que es un fastidio. Todo el mundo sabe que cuando los conocidos saben el argumento y te acompañan comienzan con ‘esta parte es increíble’, ‘fíjate en esto, mira que esto es importante más adelante’. EL ATAQUE DE LOS CLONES me la arruinaron así. Pero no, guardaron silencio durante casi toda la película, y ahí medí qué tanto les había gustado. Por mi parte sólo diré: ¡qué cinta! Fue genial. Ya BATMAN BEGIN me había gustado, la forma tan humana en que fueron presentándola, y al mismo tiempo tan oscura, tanto en los motivos como en las acciones, te atrapaba. El Espantapájaros era un villano que inspiraba realmente temor… Pero nada de todo eso me preparó para esto. La trama está ingeniosamente hilvanada, todo detalle confluye hacía un fin agobiante, hacia una explicación lógica, aplastante, asfixiante, y todo, TODO, gira alrededor del verdadero protagonista: el Guasón.

 

   Batman, el señor Christian Bale, es nuevamente ese hombre atormentado que quiere escapar de su deber, de una doble faceta que lo marca y le impide ser feliz, el héroe que no lo es, moviéndose en las sombras, entre lo bueno y lo malo; su actuación es buena. Maggie Gyllenhaal lo hace bien, comedida, no era una película para ella. Por ahí se le critica que no era hermosa ni nada por el estilo, que es difícil entender el amor de Batman y del Fiscal de Distrito por ella, uno que es casi obsesivo. Obviamente tal superficialidad no necesita replica, la gente ama a quien quiere y punto, y cuando ocurre no ve defectos, fallas o problema, todos son cualidades, y el personaje de Maggie las tenía. El ahora comisionado Gordon, Gary Oldman, mantiene el ritmo anterior, y se luce, el resto brilla menos. Es la actuación de Heath Ledger la que se lleva la palma de oro, haciendo palidecer a los otros. Su Guasón es el mejor (siendo el peor ser imaginable) que ha existido nunca. La película la toma para sí desde que aparece, su actuación es escalofriante, su físico refleja casi la degeneración muscular de una personalidad trastornada. Y pensar que hubo un tiempo cuando se le tuvo únicamente por un surfista agradable en películas tontas luciendo una boinita sonrisa. Su Guasón es intenso y aterrador, porque de cierta manera resulta coherente y también atractivo.

 

   Como ya indiqué por ahí, me preocupaba que Heath Ledger hubiera aceptado el reto de darle vida a este villano en particular. A mí jamás me gustó, lo veía como un payaso idiota desde los tiempos de la vieja serie, aunque César Romero lo hacia muy bien, y luego el Guasón de Jack Nicholson, que fue bueno pero que a mí no me impresionó. Dupla buena de malvados eran Gatúbela y el Pingüino, De Vito y Michelle Pfeiffer estuvieron en su punto. Temí, por Ledger, que este personaje pareciera una caricatura, o que todos dijeran que fue una pifia comparándolo con Nicholson; pero no, fue todo lo contrario. Como saben soy admirador del catire australiano (uno dolido aún por su partida), así que no describiré su actuación con mis palabras, usaré las de otros. Tampoco contaré aquí lo que sucedió durante la cinta, aún la transmiten y todo el que vaya merece verla con sus propios ojos, sin dejarse llevar por el parecer de otros, por eso no reproduje aquí toda la crítica que le hizo un señor Alberto Servat, en su blog, ya que aunque fue magnifica, muy completa y detallada, describe, creo, cada toma. Sin embargo me permití (claro, el pobre nada sabe), sacar algunos comentarios llegados a su página.

 

   Pero si quiero reiterar que el Guasón estuvo inmenso, él fue el centro y eje de todo, desde la primera toma cuando lo vemos de pie esperando que todo comience, hasta la última, aquella en que Batman debe huir por callejones oscuros y estrechos, perseguido, acusado y acosado por todos, como un Jack Bauer cualquiera en 24, que después de ‘salvar al mundo’ debe correr de aquellos que quieren cazarlo o matarlo. Al final, cuando las luces se encienden, uno siente un nudo en el estómago por Batman (el héroe que Ciudad Gótica merece pero no el que necesita en ese momento), pero ni aún en ese instante uno puede odiar totalmente al Guasón (o no sé si me pasa a mí que lo admiro), porque hasta el último instante uno casi entiende las posturas de este criminal, aunque no las comparta para nada. Batman, y el comisionado Gordon, ganan, ¡pero a qué precio! El Guasón se los hizo pagar bien caro; él fue detenido, Dos Caras también, la mafia fue aniquilada, y sin embargo Gordon lo expresa bien: Fracasamos, el Guasón triunfó, nos venció, tomó al mejor de nosotros y lo destruyó. Y es cierto, habían fallado. Lo que Batman hace es tender una cortina sobre los hechos, ocultándolos, pero la verdad es la que expresó el Guasón, en sus propias palabras: él ganó la batalla por el alma de Ciudad Gótica. Y en el aire queda flotando que nos probo, a todos, corroborando que puede corromperse a cualquiera, llevando, de ser necesario, a la sociedad toda ‘al lado oscuro’. Y eso a pesar de la victoria de la gente común en aquella prueba cruel montada por nuestro villano.

 

   Mientras se van sucediendo las escenas, cada maldad peor que la anterior, cada movimiento anticipado para lograr una victoria sobre el tablero, cada nuevo crimen, el Guasón logra realmente inspirar temor. Ya cuando ha transcurrido hora y media de cinta, verlo aparecer daba miedo, porque no se sabía exactamente con qué saldría. Pero no quiero contar más, dejemos pasar un poco de tiempo y podremos hablar del poder de una sola personalidad cuando enloquece y actúa sin reglas ni frenos morales o éticos, dejando a toda una población a su merced (Hitler fue uno, Idi Amin fue otro; en América latina se levantan varios). Ya hablaremos de la locura que puede atrapar a toda una sociedad cuando es acorralada contra un muro, cuando ya no pueden correr o esconderse, enfrentada a la disyuntiva de matar o morir, cuando el miedo es tan grande y enloquecedor que sólo se puede responder con violencia, sin pensar, únicamente gritando, enseñando garras y colmillos.

 

   Estremecedora será siempre esa escena, luego de lo del hospital, cuando en un bar o cafetería, en la televisión, la gente ve al Guasón decir que para esa noche la ciudad será suya, que quienes no se quieran someter deben salir ya; y la gente se para toda. Y uno piensa: guao, van a huir, van a dejar todo lo que tienen, sus cosas, sus casas, sus empleos, todo; pero ¿cómo no hacerlo?, ¿cómo no entenderlos? Ante la locura del Guasón esa gente sólo pensó en lo básico, sobrevivir, así que escaparían a la carrera, desesperados, huirían dejándolo todo atrás. Eso pasó en Ciudad Gótica; pero también antes, en los Balcanes, y en Afganistán, y en los territorios controlados por las FARC en Colombia. Huir, escapar; para el hombre y la mujer aterrorizados, que comprenden que las leyes y la civilización no pueden protegerlo, no queda otro camino.

 

   Hasta el humor que se manejó en la cinta fue oscuro, algunas frases provocaban risas, pero no eran de diversión o felicidad, más bien de ironía, de acidez. Me encanta cuando Alfred pregunta si será acusado de cómplice y Bruce replica: “¿Cómplice? Diré que todo fue idea tuya”; o cuando el Guasón sale del hospital, con la locura viéndosele en los rasgos, en el andar, el tarareo, encontrando que aquello que planeó no ocurre como imaginó, desconcertándose y golpeando un aparato de control como quien le da a un televisor que se quedó sin sonido. Memorable también fue su dialogo con Dos Caras, cuando dice que él no planea: “¿Parezco alguien que planea? Soy como un perro en la calle que corre tras los autos; yo hago cosas”, su gesticulación fue hilarante, pero macabra, perversa. Mala.

 

   Sí, esta cinta fue increíble, pero leamos algunos comentarios enviados al blog de este señor Servat, donde se cuelan una que otra indicación sobre lo que sucede en la película, así que quien quiera llegar virginal al cine, que no continúe leyendo.

……

   Hola, bueno escribo este comentario tras llegar a casa de ver el filme. Superó todas mis expectativas, me pareció una cinta totalmente perturbadora y que me desgastó, no creo que sea por la duración, sino que creo más bien porque uno como espectador se llena de desconsuelo y de pesar. Nolan nos hizo entrar a un mundo que avergüenza, la escena final me dejó sumamente triste. Lo que hace Heath Ledger va más allá de una actuación vendedora, ha creado un verdadero monstruo que cada vez que aparecía me generaba sonrisas, no de gracia, sino de miedo y nerviosismo. Ya entró a la historia seguro. Esta cinta es devastadora. Menos mal que existen creadores como Christopher Nolan que nos dicen que el entretenimiento puede ir de la mano con la calidad, con la honestidad, con la genialidad.

Publicado por: Will Munny

……

   Buenos días señor Servat.

   Al analizar la obra de Nolan, podía notar en la obra del director la relatividad del bien y del mal, con obras como insomnia y the prestige. No me entusiasmó mucho el saber que iba a dirigir Batman begins. El resultado de la película es interesante, al ser un súper héroe que es un héroe. Ósea muy reducido en comparación a un Superman que detiene aviones o un Spiderman que detiene trenes. Luego de tanta campaña publicitaria vi la película. Son realmente impresionantes las dimensiones del Joker, como se menciona en la película las frases el héroe que necesitamos y el héroe que merecemos, el Joker es el villano que nos merecemos. Me hubiera decepcionado encontrar uno de sus primeros diálogos ciertos, ¿el abuso de un padre puede hacer a un niño convertirse en tal criminal? Felizmente nada de eso es cierto. El miedo que se siente de pensar que el Joker es algo tan humano, algo infrahumano, algo que no se puede matar ni destruir, porque es verdad que son sus ideas las que convencen, no hay nadie sobre el, inquieta mucho. Ningún villano puede decir algo que el Joker no haya dicho ya.

   Ante todo esto, creo que la película debió llamarse The Dark Joker, lo mas moral de la película, y que puede pasar desapercibido es la frase: “Yo ya he tomado una vida, usted no. Yo se lo que se debe hacer. Usted debió hacerlo hace 10 minutos”; frase de un criminal que hubiera sido demasiado cliché para hacer explotar un buque. Sólo una persona que ha matado sabe la catástrofe emocional que se siente, y solo un "criminal" sabe algo así, matar o morir, no es una elección, simplemente no se puede elegir.

   Única cosa que pudo derrotar al guasón, tan lleno de la maldad humana, la virtud humana. Sobre Batman no puedo hablar, porque cualquier cosas que se diga sobre el, no se compara a lo que dice el Joker. No me gustan mucho las escenas de peleas con cámara en mano, muy llenas de acción típica de blockbuster, todas las escenas del guasón son memorables, especialmente la del hospital, cuando su insania mental se refleja también en su exterior, en su caminar, en sus brazos, etc.

   Ahora, las dimensiones sobrehumanas del Joker, se reflejan al quemar el dinero, que era el único "motivo" que parecia tener en toda la película, incluso al decir, que no quería matar a Batman, uno se queda demasiado intrigado. Es como si el Joker solo quisiera hacer aflorar lo peor de la humanidad. Pregunta: ¿planeo todo o no lo planeo, o simplemente va viendo lo peor que puede pasar si lo hace? ¿Difícil no?

    Un blockbuster muy bien hecho, dimensiones diferentes a la de Tim Burton. Logran resultados diferentes. Gracias a el hermano de Christopher Nolan por el guión.

Jack Nicholson Joker – humano.

Heath Ledger Joker - demonio

Publicado por: Hans M Camac

……

   Qué pálidos y envejecidos han quedado esos comentarios apresurados que leí en algunos blogs señalando que Iron Man era el mejor cómic llevado a la pantalla alguna vez. El Caballero de la Noche es, como bien dices, un prodigio fílmico, que profundiza allí donde más duele -en los principios morales- y que, sin embargo, no deja de entretener. Como en el "Batman" de Burton, el Guasón se roba la película gracias a la extraordinaria actuación de Heath Ledger, que hace una construcción precisa de un enajenado que supera cualquier delirio. Creo que la fugaz inclusión del Espantapájaros en los primeros minutos tiene como misión no solo darle continuidad a la historia, sino también decirnos que la locura desatada que mostró en "Batman Inicia" era solo un juego de niños frente a la amoralidad absoluta de un sujeto tan despiadado y chirriante como El Guasón.

   Ya Ledger había entregado una sentida actuación en El Secreto de la Montaña, película injustamente desplazada de los Óscar por el anacronismo infame de los miembros de la academia. Me parece, como dices, que es muy prematuro hablar de un premio póstumo, pero sería muy injusto que no obtuviera al menos una nominación como actor secundario. Es más, la academia sería muy injusta si no considerase a esta película en varias categorías (película, guión, dirección, dirección artística, maquillaje, fotografía, música). Y así como otros grandes filmes nos regalaron frases inolvidables, el ¿Why so serious? (¿Por qué tan serio, muchacho?) será imposible de borrarlo de nuestras mentes. Saludos

Publicado por: Pedro Ortiz Bisso

……

   Yo también pensé que era sólo publicidad, pero ¡qué actuación! Heath Ledger es el centro y alma de esta gran película. El guasón es el corazón (lleno de maldad, pero motor de la película). Muy recomendable. Y muy acertadas las críticas Alberto, esperemos mas entregas de este Director.

Publicado por: Ledif

……

   Buenos días. El viernes estuve tentado a leer la crítica que haces a "The Dark Knight", y fue acertado que recomendaras no seguir leyéndola si no se había visto la película. ¿Qué decir de esta película? Es una obra de arte arrasadora. En mi concepto, la mejor película de cómics jamás filmada. Batman Returns y Spiderman 2, fueron las películas de ficción que han quedado desde el día de ayer que vi The Dark Night, tan solo como buenas películas. Esta segunda entrega de Nolan, es espectacular. Creo que más que una cinta que envuelve la lucha eterna del bien y del mal, invita a la reflexión sobre la lucha interna de estos sentimientos. Todos poseemos un grado de locura que en cualquier momento puede estallar, estando en constante conflicto moral, respirando tal vez la frontera de lo incorrecto. Ese es el mensaje de la película, el cual Nolan hace que acariciemos de una manera inimaginable.

   Por eso el aspecto cansado de Bale, y sin duda, creo que Nolan quiso efectivamente que su "Bruce Wayne" luzca así: confundido, devastado, arrastrado por sus traumas y con un sentimiento de culpa conmovedor ya no solo por lo de sus padres, sino por la pérdida de la mujer que ama. Por eso también, es que Batman prefirió ir en busca de Harvey Dent (notable actuación de Eckhart), ya que Bruce Wayne quería escapar del traje, del mundo bajo las sombras en que vive, de actuar fuera de la ley.

   Heath Ledger, si quiso hacer historia en el cine y volverse cinematográficamente inmortal, lo consiguió, dejando como herencia a éste nuevo Joker. En los diccionarios desde ahora deberían especificar como sinónimos de las palabras "maldad", "confusión" y "locura" a: "Joker interpretado magistralmente por Heath Ledger". El nuevo Joker queda un escalón (a mi parecer) por encima del personaje de Bardem y en una lucha titánica por ocupar el primer lugar con el "Hannibal Lecter" de Anthony Hopkins. "La amoralidad es como la gravedad, solo necesitas de un ligero empujoncito", fue la frase con la que cierra una actuación muchísimo más que notable e increíble, resumiendo con esta frase toda esa secuencia de tentaciones hacia Batman y ciudad Gótica, habiendo transformado a su hijo predilecto y en el cual Batman había depositado todas sus esperanzas, en un ser literal y espiritualmente desfigurado.

   El Joker reconoce que Batman es un ser incorruptible, pero que está loco al igual que él, que ambos se necesitan, uno del otro, para sobrevivir. Así fue que al salir del cine, dos interrogantes vinieron a mi mente: ¿Es posible que para estar cuerdo, necesites impregnar tu vida con algo de locura?, y ¿tenemos indefectiblemente doble moral? Bueno, para concluir, cierro este comentario con una última pregunta tanto a las personas que han visto la película, como a ti Alberto, ya que tu comentario sobre esta última entrega de Batman, me invita a hacerla - excelente tu crítica -: ¿Alguna vez hemos podido reflexionar sobre cuestionamientos psicológicos y morales al terminar de ver una cinta basada en un cómic? Es el gran logro de la película, la cual pasará a la posteridad. Me atrevo a decir que "The Dark Night", vendría a ser "El Padrino II" de las películas de ficción.

Guillermo.

   Respuesta de Alberto Servat: Yo no soy lector de cómics y no me atrevería a responder por todos, pero te diré que algunas otras películas de acción me han llevado a pensar en todo esto. En los últimos meses, "Beowulf" me llamó la atención porque dejaba la idea de que el poder corrompe incluso a los héroes. Lo que me parece extraordinario en este caso es que todos pensemos en ello, no solamente algunos. Es como si la lectura de este Batman fuera mucho más directa y sacar conclusiones fuera inevitable.

Publicado por: Guillermo

……

 

Julio César.

YA NO

YA NO

   ¿Qué pensaba al callar?

 

   Un hombre ha muerto, y no tenía aún cuarenta años. Otro calla y espera. No mira ni busca a nadie y sin embargo no parece solitario o triste en su vida sin nada. Sólo calla y espera:

 

Espero con tranquilidad en la estación de los años que se han ido; morir ya no me asusta, sé que el Cielo existe, un día lo vi en su mirada.

......

 

   Con pocas palabras, y entre muchas otras cosas, MAR DEL NORTE, tal vez, quiso decirnos esto... Pasen por su blog y lo averiguarán.

 

Julio César.

DABA ESCALOFRÍO

DABA ESCALOFRÍO

   Los que llegaban y lo miraban se estremecían, sentían un friíto subir por sus columnas; con deleite anticipado iban a su encuentro, sus manos bajaban, sus rostros igual, deseando sumergirse en él, y sentirlo contra sus labios vehementes y ansiosos… Todo el mundo disfruta de un buen río, ¿verdad?

 

Julio César.

RESONANCIAS DEL FIN DEL MUNDO

RESONANCIAS DEL FIN DEL MUNDO

   Hace tiempo, mientras escribía sobre las inquietudes que los cambios de las eras traían, mencioné el temor al fin del mundo, siempre presente en todas las culturas. Yo mismo lo esperaba en forma de hongo nuclear cuando era un muchacho a mediado de los ochenta. Temores más… místicos, como la segunda venida de Jesús, el Apocalipsis o algún arma arcana y mágica manejada por los Iluminatti, jamás me inquietó. Siempre he temido a cosas concretas: despertar y que no halla café en el tarro, enjabonarme totalmente y que se vaya el agua, tomar Viagra y que me dejen embarcado (no, mentira, aunque siento curiosidad). Sin embargo, si no sobre fines catastróficos, sí hay gente que cree en una larga galería de guías, santones, profetas e iluminados, algunos son digeribles, pero otras son francamente absurdos, como este cuento del planeta rojo (que no es Marte) que anda por ahí.

 

   Un relato que habla de la extraña condición de creer en muchas cosas, fin del mundo incluido, es sobre dicho planeta y lo encontré en un blog muy interesante hace casi dos años, LA CAJA NEGRA, the wilbur mercer blog experience, y desde ese momento guardé el texto. El autor es cáustico, ligero y ácido. Eso me gusta. Recuerdo que algunos comentarios llegados a su espacio le criticaban ese tonito de burla, y que seguramente no entendía las enseñanzas de las que hablaba; lo dicho, si uno inventa una teoría por más tonta que sea, pero se muestra convencido y convincente, habrá quien lo siga. O tal vez, ese autor y yo, somos muy descreídos; pero en mi opinión, tenía razón: eran tonterías. Disfrútenlo:

 

 

EL PLANETA REDENTOR

 

   Días atrás iba yo por la calle cuando una chica se me acerca y me da un folleto con la imagen de un gran globo rojo y, en letras tamaño catástrofe: “PLANETA GIGANTE SE ACERCA A LA TIERRA”. En un recuadro destacaba “NO ES FICCIÓN”. Comprenderán que me sintiera alarmado. El panfleto promocionaba un libro, “Hercólubus, o Planeta Rojo”. Su autor, V. M. Rabolú. El texto me advertía de que un gran planeta, Hercólubus, se acerca a gran velocidad hacia la Tierra. Se decía, sin embargo, que en el libro uno encontraría la fórmula para salir con buen pie de la colisión interplanetaria.


   Confieso que esa noche no pegué ojo. ¿Qué clase de sabiduría encerraba el dichoso librito? ¿Cómo sería posible salir bien parado de lo que a todas luces parecía una muerte segura, la aniquilación total de nuestro mundo? ¿Quién era V. M. Rabolú? Al día siguiente corrí a echarle un vistazo al libro, y recorrí internet de cabo a rabo en busca de información.


   V. M. Rabolú (la V. y la M. son las iniciales de Venerable Maestro) es originario de Colombia, de profesión gnóstico, y discípulo aventajado de Samael Aun Weor, fundador de la Gnosis Samaeliana. El Venerable Rabolú escribió su mundialmente famoso libro a partir del uso de “sus facultades cognoscitivas positivamente despiertas”. En él nos describe con inusual franqueza lo que ocurrirá con la Tierra a raíz de la llegada de Hercólubus (¡todo indicaría que ya se encuentra en las proximidades de Plutón!) y, lo más importante, cómo debemos proceder para salvarnos del cataclismo.


   Hercólubus es un planeta seis o siete veces mayor que Júpiter. Está al parecer compuesto por un material que absorbe la luz y apenas la refleja, manteniéndolo fuera del espectro visible. Describe una órbita elíptica y pasa cada 6.666 años cerca de la Tierra. La vez anterior habría causado el hundimiento de la Atlántida y el Diluvio Universal. En su próxima e inminente visita provocará terremotos, maremotos, erupciones volcánicas, epidemias y desequilibrios mentales masivos.
Esto al principio. Al acercarse más, se producirá el vuelco de los ejes de rotación de la Tierra, haciendo que los polos se trasladen al ecuador y el ecuador a los polos. Por su descomunal tamaño, la órbita del planeta será imposible de detener o desviar.


   Pero volvamos al libro del Venerable Maestro Rabolú: lejos de estar preocupados, debemos felicitarnos por nuestra buena suerte, puesto que Hercólubus es un planeta purificador, que viene hacia la Tierra para limpiarla del mal y la suciedad con la cual los seres humanos la hemos afeado.
Hercólubus vendría a ser como una gran bayeta apocalíptica que cada cierto tiempo limpia y adecenta nuestro planeta azul, nuestro hogar cósmico. De hecho, advierte Rabolú que si el paso del planeta y su cataclismo desinfectante demorara mucho, los hombres con su maldad intrínseca se destruirían entre sí de una forma horripilante. Incluso parece ser que ya estamos a un paso de presenciar “revoluciones sangrientas, ateísmo, materialismo, bolchevismo y anarquismo, intelectualismo, pérdida de la vergüenza orgánica, drogas, alcohol, prostitución total de la mujer, explotación, etc, etc”. Frente a este panorama, se comprende que Hercólubus sea nuestra única esperanza. La gran catástrofe que nos espera se convierte en “una necesidad impostergable”.


   Ahora bien, se preguntarán ustedes, como hice yo, cuál es el procedimiento por el cual los que hayan comprado el libro de Rabolú consigan escapar al cataclismo. En sus notas finales, nos explica el Venerable Maestro que debemos comenzar por desintegrar el Ego, y subsanar así nuestros defectos psicológicos. Evitar el desastre está en nosotros mismos, en abrir los ojos y generar un cambio de Amor y de Luz que modifique la mala forma en que hemos conducido nuestra vida en la Tierra. Una vez llegado el choque, los que hayan trabajado por la Luz y purificado su Ego habrán alcanzado los niveles energéticos vibratorios necesarios para ingresar a la cuarta dimensión a la que pasará la Tierra como consecuencia de los ajustes orbitales y los cambios físicos producidos, y en donde iniciarán “un nuevo período evolutivo” en el flamante paraíso, “vibrando a una frecuencia de 13 ciclos por segundo”, en consonancia con la luz del sol. Borrón y cuenta nueva.


   En cuanto al resto, las “fuerzas involucionistas” (los que no hayan comprado el libro), desencarnarán y serán abducidos por la propia atmósfera de Hercólubus, que vibra en una frecuencia tan baja que es capaz de succionar a todos los espíritus acordes con esta sintonía. Avisados estáis.

……

 

   Hubo cosas que no me quedaron claras, ¿es un planeta físico o espiritual, energético, pues? Podría tratarse de un Agujero Negro atravesando la Galaxia, pero la pregunta es: ¿cómo lo sabría este señor? Hummm, intrigante, ¿verdad?

 

Julio César.